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Las nuevas amenazas y una vocación hegemónica
EL ROSTRO DEL MUNDO AL COMIENZO DEL TERCER MILENIO
Iª Parte
Tte. Grl. Francisco E. Gassino1
El autor de la nota inicia su trabajo con un preciso y amplio análisis de la situación relatando la puja entre los EE.UU. y Rusia, cuya resultante dio origen a la Guerra Fría la cual culmina con la caída del Muro de Berlín y el debilitamiento de una ideología. Las "bondades de la bipolaridad" desnudan _como expone el Tte. Grl. Gassino_ verdaderos conflictos subyacentes que han alterado la paz mundial. Las distintas formas de terrorismo _siguiendo con el artículo_ han adquirido una trascendencia impensada a partir del 11 de setiembre de 2001, circunstancia que decide a los EE.UU. iniciar una guerra contra Afganistán y a continuación su objetivo latente es desatar otra guerra, esta vez contra Irak. Aquí es donde el autor enfatiza su discrepancia con la decisión unilateral de los EE.UU. pretendiendo ignorar a la ONU y a la opinión de naciones aliadas, lo cual parece descolocarlo antes sus pares y frente a la Historia. Culmina su excelente trabajo enfatizando que la actitud de los EE.UU. no sólo puede desencadenar un "incendio en Medio Oriente", sino provocar un conflicto que altere la paz mundial. Resultan acertados _al fin de su trabajo_ los interrogantes que surgirán a partir del 20 de marzo de 2003, en que el mundo mostrará un nuevo rostro de perspectivas inciertas. | |||||||
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1 Director del Centro de Estudios del Círculo Militar. | |||||||
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Introducción
En la noche del 24/25 de diciembre de 2002, Su Santidad Juan Pablo II en su mensaje navideño dirigido a toda la humanidad, en una de sus partes hizo un llamado a la paz, ante la amenaza de una nueva guerra, para tratar de evitarla, ".... aun cuando la trágica realidad del terrorismo alimenta la incertidumbre y el temor". Con esta sintética expresión de SS el Papa, en cierto modo, estaba delineando el nuevo rostro de la humanidad al iniciar un nuevo milenio. Describir este cambiante rostro cuya expresión demuestra desesperanza, incertidumbre, temor y hasta terror, podríamos hacerlo de distintas maneras, ya sea utilizando expresiones propias de un relator informativo o atenernos a una narración de tipo histórico, atento a la realidad de los acontecimientos. Si elegimos esta última modalidad caben dos formas de hacerlo:
Historiográficamente, es decir explicitando una bibliografía de los acontecimientos sin entrar a analizar las causas que los han provocado ni medir sus consecuencias. Analizando las que suponemos son las verdaderas causas y las reales consecuencias que cada hecho acontecido influyó en las relaciones entre países o bloques de ellos. Creemos que ésta es la más adecuada
Las guerras constituyen un fenómeno social desgraciadamente inevitable, son tan antiguas como la memoria que los hombres pudieron registrar y transmitir. Hasta casi fines del siglo XX fueron, de alguna manera, previsibles y en cierto modo justificables en algunos casos. Las causas que las motivaron _en su gran mayoría_ están referidas a hechos que sirvieron como excusas para iniciarlas por parte de uno de los contendientes o ambos a la vez. Las verdaderas motivaciones radicaron en causas no siempre públicas o conocidas: políticas, económicas, sociales, culturales, etc. Las últimas acontecidas en el siglo recientemente fenecido, respondieron en gran parte a la aparición de totalitarismos expansionistas, tales como el nazismo, el fascismo o el comunismo. A fines del pasado siglo y comienzos del presente, apareció una nueva motivación que ha cambiado la naturaleza del conflicto: el fundamentalismo, particularmente religioso, el cual utiliza, por su debilidad ante el adversario, al terrorismo como procedimiento de lucha. Esta motivación ha llegado a justificar sus acciones con argumentos totalmente contrarios a los valores sustentados por Occidente. De esta manera al terrorismo no le cabe otra calificación que la de ser intrínsecamente perverso e inmoral. Su capacidad y forma de actuar es lo que está cambiando el rostro del mundo, tornándolo, según SS el Papa, como lleno de incertidumbre y terror.
Las bondades de la bipolaridad
André Beaufre, el general francés que con mucha claridad definió | |||||
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el concepto de disuasión estratégica, expresó en una de sus obras el alcance de la bipolaridad a través de la disuasión nuclear. Al respecto expresó: Por haberse hecho impracticable la guerra en sus formas más violentas excesivamente peligrosas como para consentir que se instale en las zonas más sensibles del globo. Por estas motivaciones consideró importante la primacía de la disuasión. El concepto del autor de remarcar la importancia de la disuasión nuclear en un mundo bipolar radica en el severo condicionamiento que impone a quienes tienen la responsabilidad de su utilización. Ningún país decide su propia destrucción. En síntesis, las nuevas amenazas en las cuales entra a participar el empleo descontrolado de estas armas, condiciona enormemente la adopción de las grandes resoluciones político _ militares de la actualidad. Lo expresado es la realidad presente de un mundo unipolar, incapaz de controlar y/o impedir situaciones o hechos que harán peligrar, más allá de lo imaginable, la paz mundial. Al desaparecer el "cepo inmovilizador" de la bipolaridad nuclear que imponía a los distintos países estar bajo una u otra tutela, éstos debieron abstenerse de adoptar actitudes estratégicas que pudiesen ocasionar un enfrentamiento entre las dos potencias hegemónicas (EE.UU. - URSS). De esta manera, las amenazas y los conflictos quedaron aletargados bajo el paraguas inquisidor de la bipolaridad. Nada más premonitorio que las expresiones de un ex director de la Central de Inteligencia Americana (CIA) durante el primer mandato del presidente Clinton, James Woolsey, quien ante la caída del Muro de Berlín (1989) y la posterior autodisolución de la URSS, exclamó, entre otros aspectos: ...... le hemos cortado la cabeza a un dragón (URSS) y ahora estamos inmersos en una selva llena de serpientes venenosas. Obviamente se estaba refiriendo a las nuevas amenazas que surgieron al finalizar la bipolaridad nuclear. Esta realidad de la actual situación internacional, existente desde fines de la última década del siglo pasado, no se ha generado en forma espontánea ni responde a causas fortuitas. La caída del Muro de Berlín y la autodisolución de la URSS, producida por la imposibilidad de competir igualitariamente con el poder económico-financiero de los EE.UU., prácticamente produjo _en el inicio de la década del 90_ la desaparición del conflicto Este - Oeste, o sea entre las dos potencias hegemónicas. Debajo de este "paraguas de la paz" que existió durante cuatro décadas, se fueron incubando verdaderos conflictos y concretas amenazas a la paz mundial. Ellos estuvieron en un estado de letargo durante muchos años. Desaparecida la bipolaridad, y con ello el fin de la Guerra Fría, comenzó a dibujarse un nuevo rostro en el mundo. Inicialmente, algunos pensadores demasiado optimistas de la realidad que se avecinaba, se arriesgaron a pronosticar que con la nueva situación se había alcanzado la "paz perpetua". Nada más alejado de la realidad y ajeno a las enseñanzas que la historia _sobre la evolución de la humanidad_ nos legó acerca de la existencia de las guerras. Primero pensaron que con la globalización de las economías | |||||
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mundiales se había alcanzado la panacea para todos los países pobres, subdesarrollados, del tercer mundo o emergentes. Esta fue una mentira piadosa y benevolente de los países globalizados (llámese del primer mundo) hacia los globalizantes (tercer u otro mundo), quienes sí se enteraron de qué estaba pasando y, desgraciadamente por su desventajosa situación, no del por qué estaba pasando. Lamentablemente los pueblos subdesarrollados y/o emergentes a quienes se les impuso con la globalización la división internacional del trabajo (producir solamente lo que al resto le conviene), tuvieron y tienen que soportar en la actualidad los dictámenes de los países vertebrados con sus economías florecientes y condicionantes: subvenciones desmedidas para sus productos de exportación y altas tasas arancelarias para sus importaciones. El rol que en esta etapa de la globalización juegan los EE.UU. es fundamental y condicionante para el resto de los países del mundo. Sólo existen diferencias que en el futuro pueden transformarse en enfrentamientos de políticas económicas, con la actual y expansiva Unión Europea (UE). Posiblemente sea el comienzo de un enfrentamiento entre un "imperio", que tarde o temprano dejará de serlo, por otro que se avizora en contadas décadas. Tal como opinan autores calificados en materia de política internacional, el futuro papel que jugará la UE avalará la consideración de denominarlo como el futuro imperio del mundo.
El surgimiento de nuevas amenazas y la unipolaridad
Las amenazas fundamentalmente eran militares. Esta era la concepción estratégica de John M. Collins en su obra La Gran Estrategia. Es la más fácil de precisar y, en muchas alternativas, la más factible de enfrentar, en razón de que es directa y abierta, colocando a todos los contendientes en un terreno conocido. El nuevo rostro que presenta la actual situación internacional está regido por diferentes posturas estratégicas de las naciones y/o bloques de ellas, más influyentes en la escena global internacional, frente a graves amenazas y conflictos; entre éstos se destacan con más virulencia las acciones llevadas a cabo por el terrorismo internacional, cuyos antecedentes en la materia son tan antiguos como la existencia del hombre. Su manifestación más espectacular, por lo trágico, fue el 11 de setiembre de 2001 en Nueva York y Washington. No por haber sido el atentado terrorista más criminal y condenado por el mundo entero debemos dejar de mencionar las restantes amenazas que, en mayor o menor medida, constituyen también aspectos que configuran la nueva cara de la situación mundial. Estas actitudes y/o amenazas atentan sensible | |||||
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mente contra el desarrollo de los pueblos, su seguridad interna y las relaciones entre los países. En tal sentido puntualizaremos:
El narco-terrorismo internacional. La producción, el tráfico y el consumo de drogas de todo tipo. Las importantes migraciones no deseadas de un país a otro o entre continentes. El tráfico ilegal de armas y de materias primas para su construcción, incluyendo muy particularmente aquellas que permiten la obtención de armas de destrucción masiva (químicas, bacteriológicas y nucleares). El resurgimiento de nacionalismos exacerbados y de ideologías perimidas. La proliferación de verdaderas mafias internacionales que aún se dedican al crimen por encargo, al rapto de bebés para ser utilizados en adopciones ilegales y también para la venta de órganos. La extrema pobreza y la indigencia en el mundo, producto de los acentuados desequilibrios en la distribución de la riqueza. De esta situación no está exenta de responsabilidades la tan conocida globalización. El asombroso incremento de la delincuencia común, aun ejecutada por menores de edad. Esto afecta considerablemente la seguridad de la población. La persistencia de algunos conflictos territoriales entre países limítrofes. Conflictos étnicos, raciales y de soberanía. Fundamentalismos religiosos, particularmente de origen musulmán, que llevan o impulsan a sus participantes al extremo de inmolarse en atentados suicidas. Esto constituye un aspecto de especial atención por cuanto es la naturaleza intrínseca que alimenta la amenaza más peligrosa de esta década: el terrorismo a gran escala. Los conflictos sociales internos con características comunes en los diferentes países, en especial en aquellos con serios problemas económicos y financieros. A los objetivos nacionales de los países se le anteponen intereses internacionales que se constituyen en rectores de la economía mundial. La globalización es el procedimiento utilizado. El concepto de soberanía nacional del estado-nación, que sufre en la actualidad las nuevas tendencias que le otorgan un valor restringido al principio tradicional de soberanía. El derecho de intervención se acrecienta como medio para justificar el control de los conflictos pero también para la obtención de objetivos políticos y/o económicos no confesados. La existencia de una diplomacia coercitiva y hasta "chantajista", por parte de países hegemónicos. La inoperancia de las organizaciones internacionales, particularmente la ONU, quien no alcanza a imponer sus resoluciones, condicionando o limitando intervenciones de los países rectores de la evolución situacional internacional, en materia de amenazas y conflictos. | |||||
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La inoperancia y las actitudes de corrupción de clases dirigentes que cometen en beneficio personal. Esto es especialmente aplicable en los países latinoamericanos y en el continente africano. Estas actitudes fehacientemente comprobadas han producido grandes endeudamientos con los organismos financieros del mundo que, en definitiva, crean pobreza y graves conflictos sociales. Problemas ambientales no controlados que tornan el medio ambiente _donde nos toca vivir_ cada vez más agreste y potencialmente peligroso en el futuro para la supervivencia humana.
Esta extensa enumeración de aspectos negativos para la armónica situación global internacional, tiene plena vigencia en la actualidad, afectando de manera distinta a cada uno de los países de la comunidad internacional, sean éstos ricos y poderosos o pobres y dependientes. De los aspectos negativos explicitados, la mayoría de ellos existían en estado larval antes de desaparecer la bipolaridad. Sin ella, y siendo los Estados Unidos de América la hiperpotencia mundial con vocación hegemónica, llegamos a la simple conclusión que dicho país no sabe o no puede modificar el actual rostro situacional del mundo, lleno de incertidumbres y de temores. Las "serpientes venenosas" aludidas por James Woolsey sobreviven en la selva global. Lo que consideramos como grave y alarmante, más allá de la actual realidad mundial, es el aspecto conceptual que sostiene el presidente Bush en su reciente publicación: La Estrategia para la Seguridad Nacional de los EE.UU. Además de justificar las guerras preventivas y que la idea tradicional de soberanía ya sería obsoleta ante la amenaza terrorista, llamó la atención la expresa enunciación de: Entre nosotros mantenemos la ley, pero cuando estamos operando en la "selva", debemos usar las leyes de la selva. Esta expresión presidencial pareciera que tiene la decidida intencionalidad de aplicar la ley dentro de su país, y fuera de él, sosteniendo el antiguo proverbio de "ojo por ojo, diente por diente" ¿Ésta es la ley de la selva? A más de un año de producido el mayor atentado en su propio territorio, hecho que hirió profundamente el amor propio del pueblo y gobierno estadounidenses, se plantean serias dudas a nivel internacional sobre la efectividad de la aplicación del mayor potencial militar del mundo como respuesta al acto terrorista del denominado 11 - S. La duda sobre dicha efectividad radica fundamentalmente en que el actual Presidente de los EE.UU. no parece comprender la verdadera naturaleza del flagelo terrorista. Uno de los analistas más destacados de la realidad internacional actual, Alvin Toffler quien junto con su esposa Heidi han efectuado con meridiana claridad la descripción y el análisis de las actuales amenazas, con particular énfasis sobre el terrorismo internacional en el actual panorama mundial y a partir del 11 de setiembre de 2001. En tal sentido han clarificado la naturaleza de las fuerzas enfrentadas, las cuales _cada una de ellas_ emplean estrategias y procedimientos tácticos totalmente disímiles. El terrorismo, particularmente desde la fecha antes aludida, es ejecutado mediante organizaciones | |||||
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compuestas por pequeñas células, casi siempre autónomas, conectadas con la conducción de ellas mediante redes flojas y planas, asentadas e integradas a la población del país donde operan y con mucha anticipación. De allí lo difícil que resulta su detección en oportunidad. Dichas células actúan independientemente entre sí y responden a un mando centralizado; en el caso del 11-S como integrantes de la organización terrorista Al Qaeda conducida por Osama bin Laden, que libran la denominada "guerra de las pulgas", impulsada por un fanatismo religioso sin límites, a punto tal de inmolarse sus ejecutantes en cada atentado que cometen. Estas organizaciones tienen la particularidad de emplear medios y materiales agresivos simples y de bajo costo (incluye esto último a las vidas humanas). En tal sentido Toffler las denomina de la "primera ola", pero accediendo a tecnologías de la "tercera", es decir de última generación. Sus decisiones son adoptadas con mucha serenidad y presteza y ejecutadas en los lugares y objetivos menos esperados. Los blancos elegidos producen conmoción después del hecho. Para las organizaciones terroristas _especialmente islámicas_ el espacio estratégico es el mundo; el tiempo es sorpresivo e impreciso; el medio empleado es inesperado y difícil de predecir y la maniobra utilizada totalmente heterodoxa. Una clara confirmación de lo expresado fueron los casi simultáneos atentados del 11 de setiembre en Nueva York y en Washington. El sistema de inteligencia más completo, sofisticado y eficiente del mundo no los pudo detectar a tiempo. A esta singular estrategia utilizada particularmente por la organización terrorista Al Qaeda se le opuso otra, por parte de los EE.UU. con el limitado apoyo de la ONU, cuyos medios empleados, especialmente en Afganistán, se acercaron más a los empleados en las guerras de masas tradicionales. Las fuerzas empleadas _en este caso_ por algunos países de la OTAN, mayormente pertenecientes a los EE.UU. y al Reino Unido de Gran Bretaña, según Toffler responden a una burocracia verticalista y centralizada que actúan no con vínculos personales sino a través de más de 300 "comités" formales de la ONU. Los medios utilizados son altamente destructivos y de última tecnología pero, al parecer, ineficientes para neutralizar o aniquilar a integrantes de la organización terrorista y su principal cabeza. Mientras los integrantes de las células terroristas actúan motivadas por un acendrado fanatismo religioso, las fuerzas atacantes siguen rumiando sin modificar su régimen consensual (expresión textual de Toffler). Estas reflexiones nos llevan a pensar que la confrontación de dos estrategias de distinto signo, normalmente no permiten arribar a una rápida y definitiva decisión final. Con estas actitudes contrarias a lo que la historia nos ha legado como experiencia a lo largo de varios siglos, creemos que el terrorismo internacional actual, motivado, implementado y conducido en la forma que conocemos, ha venido a la | ||||||
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escena mundial para quedarse por largo tiempo entre nosotros. En los EE.UU., tanto el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el secretario de Estado, general Colin Powell, tienen una concepción más clara y realista de la situación imperante y la forma de enfrentarla. Los aspectos más salientes de esta concepción son:
Formación de voluntarios que se adapten a las nuevas misiones. Amoldar las alianzas estratégicas con los integrantes de la OTAN, según el grado de afectación que sufra cada uno de ellos. Buscar nuevos socios fuera de la OTAN, en el marco de la ONU. Los militares deberán buscar aliados no militares para sus operaciones que tengan acceso a determinados individuos que posean datos de interés. Las alianzas exclusivamente militares serán cada vez más obsoletas. La separación entre Estados que apoyan al terrorismo y los que no lo hacen, suele ser muy tenue. Las coaliciones futuras no serán sólo de países. Será imprescindible contar con coaliciones profundas para combatir al terrorismo. Éstas se llevarán a cabo con aquellas organizaciones no gubernamentales, aún encubiertas, que cuenten con tropas mercenarias seleccionadas, pagadas por corporaciones y por "mafias amigas". Se necesitará una burocracia horizontal que dirija pequeñas redes interactivas apoyadas por fuerzas "ad hoc" que se reúnan y disuelvan rápidamente.
En síntesis, la nueva concepción pergeñada por la denominada línea de "los halcones", con Donald Rumsfeld y el jefe de la diplomacia estadounidense, sería la forma más adecuada para lograr los objetivos propuestos para la lucha contra el terrorismo.
El terrorismo y los intereses hegemónicos
La nueva doctrina de seguridad enunciada por el presidente Bush después del 11 de setiembre de 2001, apunta neurálgicamente a no permitir que la seguridad integral de la nación se vea afectada por la nueva amenaza del terrorismo internacional, inspirado en el fundamentalismo religioso islámico, el cual desarrolló una verdadera técnica del suicidio asesino que prácticamente hace muy difícil la aplicación de las tradicionales medidas de seguridad para neutralizar esta amenaza, a punto tal que ni siquiera la disponibilidad de un poderoso arsenal nuclear hace compatible su utilización. Esta situación convierte en ineficiente y desaconsejable la puesta en ejecución de la disuasión nuclear. Si bien en dicha doctrina no se explicita taxativamente, el poder de los EE.UU. debe usarse para neutralizar y/o eliminar el flagelo terrorista, aun contra las decisiones que pueda adoptar la ONU o la | |||||
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Corte Penal Internacional. Evidentemente, esta decisión lleva a la política exterior de los EE.UU. a un extremo tal de adoptar el unilateralismo, actitud propia de una superpotencia con pretensiones de ejercer una hegemonía a ultranza, con la finalidad de imponer objetivos que satisfagan sus intereses políticos y fundamentalmente económicos, dentro de su propio país y especialmente en países poseedores de significativas reservas petroleras. Este último aspecto tiene íntima relación con la lucha contra el terrorismo, ya que su intervención militar _caso Afganistán y probablemente Irak_ en última instancia, satisface sus aspiraciones de controlar la explotación del fluido, regular su extracción para incidir en su precio o para controlar sus vías de salida por rutas aún no utilizadas y que redituarían ingentes ganancias. Tal el caso de Afganistán a través de su territorio. Los intereses hegemónicos del imperio, sustentados por su capacidad y libertad de empleo de la fuerza militar, primera en el mundo, su riqueza económica y financiera y su indiscutible liderazgo en materia de conocimientos en el campo científico-tecnológico, le permiten imponer compulsivamente al resto del mundo, medidas que configuren situaciones favorables para la obtención de sus intereses. Para ello enumera en su doctrina de seguridad tres aspectos que, indirectamente, imponen al resto de los países:
Gobierno democrático. Respeto por los derechos humanos. Libre comercio y economías abiertas.
Estos tres _en su aplicación_ no siempre fueron convenientes a sus propios intereses. Hoy sí lo son, por eso los imponen.
Los EE.UU. e Irak
La actual situación entre ambos países constituye una de las paradojas que el hegemónico país americano ha inscripto en las páginas de la historia durante las últimas décadas, paradojas que se han manifestado explícitamente cuando la bipolaridad y la Guerra Fría dejaron de ser tales. Una de ellas fue con Afganistán, durante la invasión de la URSS. Dicho país fue apoyado y armado por los EE.UU. para luchar contra las tropas comunistas invasoras, a través de la instalación de un gobierno talibán. Desalojado el invasor soviético, el vacío fue ocupado paulatinamente por la organización terrorista más poderosa y peligrosa del mundo: Al Qaeda. A partir de ese momento Afganistán pasó a ser | |||||
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un oponente del Estado americano y desde del 11 de setiembre de 2001, un enemigo implacable, hasta la reimplantación de un gobierno títere de los EE.UU., meses después del cruento atentado a las Torres Gemelas. En el caso de Irak la paradoja es similar, pero con características distintas. Durante los ocho años que duró la guerra entre este país e Irán, el primero de los nombrados también recibió el apoyo, fundamentalmente en armamento, de los EE.UU. La evolución de la situación en el problema entre Israel y el pueblo palestino, más las actitudes dictatoriales de Saddam Hussein en 1990, quien ordenó y ejecutó la invasión a Kuwait, motivó la reacción de los EE.UU., apoyado por la ONU, para que en enero de 1991 iniciara la guerra denominada "Tormenta del Desierto", con una derrota aplastante de las Fuerzas Armadas irakíes. Por una decisión político-estratégica errónea del presidente Bush (padre), no permitió al comandante de la Operación, general Schwarzkopf, que desalojara militarmente del poder a Saddam Hussein, error por el que una década después los EE.UU. pagarían un alto costo. Hoy Irak esta considerado como uno de los principales integrantes del denominado "Eje del mal", conjuntamente con Irán y Corea del Norte, según opinión del propio George W. Bush. Lo que nunca expresó el presidente norteamericano es que Irak constituye uno de los objetivos principales relacionado con los intereses petroleros en el Medio Oriente, cuyo control político y aun territorial sería altamente redituable para la economía de su país. El propio frente interno de los EE.UU., a través de manifestaciones populares, ha expresado su desaprobación ante la inminencia de la iniciación de un ataque a Irak, el cual ya ha comenzado con periódicos bombardeos en las zonas de exclusión norte y sur de Bagdad. Tales expresiones se sintetizan en las siguientes manifestaciones: "No sangre por petróleo" o "Dinero para crear trabajo, no para la guerra". Dicha actitud negativa en su frente interno se fue revirtiendo favorablemente a partir del 5 de febrero, con el informe de Colin Powell y el posterior discurso del presidente Bush. Las razones que argumenta el Gobierno norteamericano para atacar nuevamente a Irak con el objetivo fundamental de derrocar a Saddam Hussein son dos: el incumplimiento de las normas internacionales respecto de la producción y utilización de armas de destrucción masiva (biológicas, químicas y/o nucleares) por un lado; y ser un país que alberga organizaciones terroristas internacionales y que inclusive les brinda apoyo para ejecutar sus acciones criminales. Por segunda vez el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha resuelto destacar inspectores para verificar "in situ" la existencia de tales armas. La primera inspección realizada fue frustrada por los inconvenientes y limitaciones que les impuso el propio Saddam Hussein. | |||||
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La segunda de ellas, destacada en diciembre de 2002, parece seguir el mismo camino que la primera. Mientras se producían estas dos acciones, el rostro geopolítico del mundo fue cambiando hacia una inestabilidad e incertidumbre cada vez más creciente. Los factores que más incidieron para que esto ocurriese fueron:
Un significativo crecimiento y diseminación de armas de destrucción masiva entre países políticamente inestables, conducidos por gobiernos fundamentalistas y/o dictatoriales. Aun las mafias internacionales se encargaron de fomentar el tráfico ilegal de dichos armamentos. El alarmante potencial que adquirió el terrorismo internacional produciendo actos que impactaron al mundo entero, caso 11 de setiembre en los EE.UU. El creciente unilateralismo con que actúan los EE.UU., frente a las amenazas señaladas, pese a la oposición de algunos países europeos y de la propia ONU.
Frente a este cuadro de situación internacional sobre el caso Irak, el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), a través de su Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos publicó, en uno de sus periódicos boletines (Nº 22 - Dic. 2002), un artículo en el cual se señalan los escenarios posibles sobre el problema irakí, en el caso de un ataque de los EE.UU. El aspecto más relevante que se aborda está referido al "escenario post-Saddam", es decir si éste es derrocado compulsivamente. Para ello describe cuatro perspectivas posibles, a saber:
Que el propio pueblo iraquí construya una democracia estable. Que se produzcan severas tensiones entre kurdos sunnitas, shiítas y otros clanes, que con actitudes de venganza provoquen una guerra civil. Que se produzca una continuidad del actual régimen autoritario, bajo otra figura adicta a Saddam Hussein. Que se establezca un gobierno "títere" bajo el control y la influencia de los EE.UU.
Las inversiones que ya realizó este país en dos guerras, y especialmente los intereses económicos que tiene sobre la explotación petrolera, nos hace pensar, casi sin temor a equivocarnos, que la cuarta y última perspectiva delineada sería la que probablemente tendría vigencia en el futuro. | |||||
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Posturas de otros países
Las posturas de los principales países, directa o indirectamente involucrados en el caso Irak, después que el presidente Bush anunció que a Saddam se le agota el tiempo, expresión que el mandatario fundamentó en el sentido de sentirse harto de las actitudes del líder irakí, pareciera ser que tornaron inevitable la guerra. A esta altura de los acontecimientos, seguramente nos vemos privados de la información fidedigna que disponga el citado presidente. Sí conocemos, por los medios públicos de información, que los inspectores destacados en Irak hasta mediados de febrero no habían comprobado la existencia de armas de destrucción masiva. Hasta el presente y después del informe de Colin Powell del 5 de febrero y el anuncio de Bush del día siguiente, las posturas de los países y organizaciones involucrados es la siguiente:
EE.UU.: atacar a Irak aun a costa de una resolución contraria de la ONU. El objetivo principal es controlar la extracción y comercialización del petróleo. El problema terrorista es una máscara para justificar la intervención. Gran Bretaña: la guerra es inevitable si Saddam no responde a las exigencias de la ONU. Los EE.UU. pueden atacar unilateralmente. Francia y Alemania: coinciden en que se debe evitar la guerra. La ONU deberá ser quien autorice el ataque, si es que los inspectores comprueban fehacientemente que Irak dispone de armas de destrucción masiva. La opinión pública de ambos países está totalmente en contra de la guerra, aun con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU. Esta posición es compartida por Bélgica. Rusia: por ahora se opone a la guerra sin la decisión de la ONU. Teme el fracaso de los contratos petroleros con Irak, en caso de un conflicto. Unión Europea: la guerra será difícil de justificar sin pruebas contundentes. Al igual que Rusia se vería perjudicada en el abastecimiento de petróleo, caso contrario a los intereses de los EE.UU. La opinión pública europea, aun en aquellos países que apoyan la guerra (caso Gran Bretaña, España e Italia), se manifiestan contrarios en un alto porcentaje. Vaticano: condena permanentemente una guerra contra Irak, con o sin decisión de la ONU. Apela al diálogo y a la solidaridad de la vida humana. A mediados de febrero ha enviado un representante de S.S. para entrevistarse con Saddam Hussein. Arabia Saudita: sólo se sumará a la guerra si lo resuelve la ONU | |||||
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y se detectan pruebas irrebatibles de que Irak dispone de armas de destrucción masiva. Aún no ha decidido si, autorizará al país americano a utilizar las bases militares que tiene instaladas desde la guerra "Tormenta del Desierto". Irán: apoya a los EE.UU. en desarmar a Irak. No está de acuerdo en derrocar a Saddam Hussein. Turquía: desea una solución pacífica de la crisis. Pese a ello mandos militares estadounidenses iniciaron en ese país, el reconocimiento de bases militares. Jordania: Se opone decididamente a un ataque a Irak. No permitirá que las fuerzas de los EE.UU. utilicen por tierra, mar o aire sus espacios soberanos. Israel: apoya decididamente con firmeza el ataque a Irak, con consentimiento o no de la ONU. Se reserva el derecho de replicar en caso de que su territorio sea atacado misilísticamente por Irak. ONU: el secretario general, Kofi Annan, considera que los inspectores necesitarán más tiempo para verificar, o no, la existencia de armas químicas, biológicas y/o nucleares en Irak. Además, ha demostrado mucha preocupación por las consecuencias humanitarias y materiales que la guerra trae aparejadas. OTAN: en la reunión de Bruselas del 10 de febrero último se produjeron profundas divergencias entre sus integrantes, particularmente Francia, Alemania y Bélgica quienes se opusieron a apoyar con armamentos a Turquía en el caso de producirse una guerra con Irak. Pakistán: Una guerra contra Irak, aun con el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU, podría producir una reacción masiva de los pueblos árabes, con derivaciones impredecibles para la paz del mundo.
El 27 de enero el presidente Bush ante el Congreso hizo un llamado para ejecutar un masivo ataque a Irak argumentando que se tenía información confirmada que dicho país dispone de armas de destrucción masiva y que brinda apoyo a las acciones terroristas de Al Qaeda. El 5 de febrero Colin Powell brindó datos más concretos sobre lo expresado por Bush. Hasta esa oportunidad el equipo de inspectores de la ONU no había podido detectar tal información. Al día siguiente de este informe (de Powell) el presidente Bush prácticamente lanzó un ultimátum a Saddam Hussein. Del mismo podemos concluir:
Ratifica la irrevocable decisión del cumplimiento de la Resolución 1441 del Consejo de Seguridad de la ONU del 8 de noviembre de 2002. Advierte enérgicamente a Irak que ya no existen posibilidades de | |||||
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evitar la guerra si no se cumplen los términos de la resolución | |||||
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citada (desarme total de todas las armas de destrucción masiva). Requiere con insistencia que el Consejo de Seguridad de la ONU ratifique en forma absoluta el cumplimiento de la Resolución 1441. Deja traslucir que, con o sin esta ratificación, los EE.UU. unilateralmente iniciarán en semanas el ataque a Irak, contando con el apoyo de los países ya señalados. Utiliza una vehemente y extendida campaña de acción sicológica, tanto hacia el frente interno como al resto de las naciones del mundo para que brinden su apoyo
Pese al reclamo de apoyo aludido, distintos países, particularmente Francia, Alemania y aun el Vaticano, mantienen una postura intransigente si no se cumplen las dos condiciones fundamentales: que los inspectores comprueben fehacientemente que existen armas de destrucción masiva y que el ataque lo decida el Consejo de Seguridad de la ONU. La actitud estratégica a nivel mundial que viene sosteniendo el gobierno estadounidense, particularmente desde el 22 de setiembre de 2001, es de una agresividad y unilateralismo tal que la paz mundial, en la cual ya ningún país puede ser indiferente o excluirse, se ve seriamente amenazada. Dada la concentración de poder militar existente, los objetivos económicos enfrentados, las actitudes ideológicas y religiosas opuestas conceptualmente son, en definitiva el nuevo rostro de la situación mundial extremadamente preocupante. Al término de esta primera parte, no habiéndose definido o concretado una última resolución sobre el destino de Irak, sometemos a consideración de los lectores las siguientes reflexiones:
Los Estados Unidos de América, con o sin ratificación de apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU acerca de la Resolución 1441 del 8 de noviembre de 2002, probablemente atacará y ocupará territorialmente a Irak y con ello se producirá el derrocamiento de Saddam Hussein. El objetivo fundamental perseguido, más allá de combatir al megaterrorismo y de reivindicar la agresión criminal contra el pueblo americano, sobrevive la permanente aspiración de controlar y explotar una muy importante reserva petrolera del mundo. Si se concreta el ataque, posiblemente se produzca un significativo incremento del terrorismo en todo el mundo, muy particularmente contra los EE.UU. y aquellos países que intervengan en forma directa en el conflicto. La manifestada aspiración del Gobierno de los EE.UU. de que un derrocamiento compulsivo de Saddam Hussein mediante un ataque misilístico sin precedentes en la historia universal de las guerras, contribuirá a poner fin al conflicto árabe _ israelí, según | |||||
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expresiones de Colin Powell, creemos que adolece de una falaz apreciación sobre la forma de pensar y sentir de los pueblos árabes. Sí, participamos de la opinión de un importante representante del Vaticano, quien ha considerado que una acción bélica de la magnitud ya concebida contra Irak puede producir un incendio en todo Medio Oriente.
Actualización a partir de la iniciación de las operaciones militares en Irak (20/3/03)
El análisis y redacción del presente artículo en lo referente al conflicto entre los EE.UU. e Irak, se llevó a cabo paralelamente con el agravamiento de la situación. Por tal motivo lo que en un momento determinado fueron considerados algunos hechos o aspectos en incondicional, la realidad actual, al cierre de la presente edición, ya constituyen hechos consumados y actitudes asumidas, tanto en el campo diplomático como en el empleo de la fuerza militar. El apoyo casi unánime de todos los países del mundo a los EE.UU. de América después de los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York y Washington, dada la actitud unilateralista asumida particularmente en la persona de su Presidente se fue diluyendo, especialmente en el campo diplomático y en forma casi unánime en la opinión pública mundial, ante la decisión de atacar a Irak, con o sin el consentimiento de la ONU. Las disidencias más significativas se produjeron con países europeos (Francia, Alemania y Rusia) y aun con China. La reunión en las islas Azores (Portugal) concretada entre el presidente Bush, el primer ministro Tony Blair y el jefe del gobierno de España José María Aznar, constituyó el último episodio de una crónica anunciada, el triunfo de un anticipado unilateralismo estadounidense y el final de una ya perimida diplomacia internacional que al máximo nivel _la ONU_ no supo, o no pudo, evitar el comienzo de una guerra cuyo final _podemos arriesgar_ tiene un desenlace previsto. El ultimátum de 48 horas impuesto por Bush a Saddam Hussein para que renuncie al gobierno de Irak y abandone el país, finalizó el 19 de marzo a las 22 horas. Con ello sólo restaba fijar la oportunidad del inicio de las operaciones. La decisión adoptada por los EE.UU. de lanzar masivamente un ataque de envergadura utilizando un incontenible y abrumador poder de fuego, nos induce a ampliar algunas reflexiones, tales como:
_ La actitud de los EE.UU. demostró inequívocamente su vocación hegemónica e imperialista. _ Su ya indiscutido liderazgo mundial en lo económico _ financiero y científico _ tecnológico, con esta última decisión estratégica (el empleo del mayor poder militar del mundo) completó la trilogía que se necesita en la actualidad para ser una nación imperial: riqueza, | |||||
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El rostro del mundo al comienzo... | |||||
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conocimiento y fuerza. Ningún otro país del mundo reúne estos tres aspectos. _ Los objetivos esgrimidos por el poder político de dicho país, en especial por el presidente Bush, no coinciden con los verdaderos no confesados, tales como: el aprovechamiento y el control de la inmensa riqueza petrolera de Irak; disponer de una base o plataforma terrestre desde donde pueda proyectar y controlar otros conflictos en Asia (caso Corea del Norte); prescindir de la dependencia y el apoyo de otros países, especialmente europeos, para lanzar futuras operaciones; establecer un nuevo orden mundial, particularmente con los países que no apoyaron su decisión bélica y, fundamentalmente, tratar de restablecer la credibilidad sobre la eficiencia y la utilidad de las organizaciones internacionales (ONU - OTAN, etc.) en el control de la paz mundial, aspecto éste que fracasó en el reciente conflicto. _ Existe un aspecto o situación muy importante que los EE.UU., pese al poder hegemónico alcanzado no podrán solucionar: su seguridad interna y la de sus objetivos e intereses en el resto del mundo. Al terrorismo internacional no se lo neutraliza, combate o aniquila con bombas de 10.000 kilogramos de peso. _ De lo ya acontecido aún no podemos despejar ciertos interrogantes: ¿Cuál será la reacción del mundo árabe? ¿Cómo se reestructurará el marco internacional en el seno de la ONU y la OTAN? ¿Habrá nuevas guerras preventivas, con justificativos aceptables, o no? ¿Será Corea del Norte el próximo objetivo? ¿Qué repercusiones tendrá el nuevo mapa mundial para la República Argentina?
La evolución de la situación y el análisis de los interrogantes señalados será tarea para la II Parte del presente trabajo, a incluir en una próxima publicación. | |||||
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