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PRIMERAS REFLEXIONES

SOBRE LA ESPERADA REESTRUCTURACIÓN

DE LA "ORGANIZACIÓN DEL TRATADO

DEL ATLÁNTICO NORTE"

Emilio J. Cárdenas1

El autor de la nota considera los profundos cambios que altera la anterior perspectiva militar de la OTAN, incluyendo su propia misión.

Esta organización decidió adaptarse al nuevo escenario mundial creando una fuerza multinacional de reacción y despliegue rápidas, con armamento y capacidad de última generación.

Afirma, el Dr. Cárdenas, que una OTAN totalmente rediseñada es la que se adecua a los tiempos que se avecinan, en los que la posibilidad de enfrentar a un Estado u organizaciones terroristas

es cada día más probable.

La profundidad de las reformas recientemente acordadas por los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en Praga, el mes de noviembre del 2002, es tal que puede afirmarse que ellas han alterado su anterior perspectiva militar y, más aún, hasta modificado su propia "misión".

Ellas, que habían sido ya previstas en una discreta reunión anterior, realizada a nivel de Cancilleres, en Reykajvik, Islandia, conforman una reforma tan necesaria como previsible, que se completa con el acceso a la OTAN de siete nuevos miembros: Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Latvia, Lituania y Rumania. Ellos, ahora que la Federación Rusa "levantó" su oposición, siguen los pasos de Polonia, la República Checa y Hungría, que habían ya ingresado, en un primer paso de la OTAN en dirección a oriente, en 1997.

La OTAN decidió, adaptándose al nuevo escenario internacional (en particular, en función del caso afgano), crear una nueva fuerza multinacional de reacción y despliegue rápido que contará _según lo acordado_ con armamentos y capacidad operativa de última generación.




1 Embajador. Ex Representante Permanente de la República Argentina ante la ONU. Presidente electo de la International Bar Association.


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Ella, de acuerdo a lo previsto, estará constituida por unos 21.000 hombres y _diversificada en su composición_ contará con la participación de un número importante de sus miembros que serán invitados en función de sus distintas capacidades y especialidades. Así, por ejemplo, la República Checa podrá aportar a la nueva fuerza sus reconocidas unidades especializadas en armas químicas. Y los rumanos, sus bien entrenados escuadrones de alta

montaña.

La idea es que esta fuerza, de gran flexibilidad, esté siempre en estado de alerta permanente, rotando en períodos semestrales.

Ella permitirá a la OTAN operar, en más, contra sus nuevos enemigos, incluyendo entre ellos al terrorismo internacional y a sus aliados, en cualquier parte del mundo. Aún más allá del hemisferio norte, si así lo requiere la defensa de sus miembros. Teniendo, además, en cuenta que está creciendo la posibilidad de tener que, de alguna manera, enfrentar _en algún momento_ a Estados u organizaciones terroristas equipados con armas de destrucción masiva. O sea con armas biológicas, químicas y nucleares. Lo que pareciera ser, desgraciadamente, cada vez más probable.

Cabe recordar que la OTAN ya participó en acciones que tuvieron lugar en territorios que _estrictamente hablando_ están más allá de su jurisdicción. Como cuando atacara, en mayo de 1995, a las posiciones serbias que bombardeaban blancos ubicados en Bosnia. O como cuando, en 1999, interviniera masivamente en Kosovo para poner fin a la "limpieza étnica" practicada por los serbios contra la población de origen albanés. O como cuando, en el 2001, sus fuerzas desarmaran _con gran eficiencia_ a las milicias rebeldes, en Macedonia.

Todo un cambio sustantivo para la formidable organización que naciera en 1949. Indispensable, además, porque la OTAN, como alianza de países democráticos que es, ya no tiene ciertamente la vista clavada, como la tenía hace 53 años, en la Unión Soviética. Ésta desapareció a partir de 1989. Por el colapso de una fea utopía: la del socialismo. Y en cambio, desde el 11 de septiembre de 2001, la Federación Rusa se ha acercado enormemente a Occidente. Tanto, que tiene ahora un pacto especial con la propia OTAN, que la transforma en "estado miembro asociado" que opera a través de un Consejo especial, conformado por representantes de la OTAN y por funcionarios rusos.

El cambio decidido tiene además que ver con el mantenimiento de la estabilidad en el mundo. Pero también con la misma credibilidad de la OTAN y su relevancia, que habían sido abiertamente cuestionadas desde que los Estados Unidos relegaron a la OTAN a un plano menor, en oportunidad del conflicto de Afganistán. Pese a que entonces la OTAN, rápidamente y por primera vez en su historia, había puesto en marcha los mecanismos previstos en su Artículo Quinto. Aquel que

expresamente dispone que todos los miembros deberán responder a un


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ataque que pudiera haberse realizado contra uno cualquiera de ellos, como si todos los miembros hubieran, en rigor, sido objeto de ese ataque.

Lo antedicho obligará, según es evidente, a una importante reestructuración de la cadena de comando y control de la propia OTAN. Pero asimismo forzará a muchos de sus miembros a adquirir nuevos equipos y armamentos de alta tecnología, para equipar como corresponde a la fuerza antes descripta. Esto es,

a gastar más en defensa que lo que hasta ahora venían haciendo, con la obvia excepción de los Estados Unidos y Gran Bretaña, los dos miembros de la OTAN que hoy están, claramente, mejor dotados militarmente.

En un comienzo, se habla de la posibilidad de alquilar, al menos los medios pesados de transporte aéreo que sean operativamente necesarios, a los norteamericanos. Y de adquirir una flotilla de aviones JSTAR, con capacidad de vigilar blancos en tierra y obtener datos de inteligencia, que así estarían directamente a disposición de la OTAN. Para, de esa manera, acortar los tiempos de preparación de la nueva fuerza de despliegue rápido, los que _de todas maneras_ no serán breves.

El tiempo máximo de despliegue previsto para la nueva fuerza en cuestión es, por lo demás, de un mes desde que se la requiera.

Aprovechando la reunión de Praga, el presidente Bush solicitó expresamente a los miembros de la OTAN ayuda para la eventual intervención militar en Irak. Ella no se concretó. La alianza militar más exitosa de la historia, y sus ahora 26 miembros, tuvieron una posibilidad de acción vinculada al desarme de Irak. No se concretó. La participación de los miembros de la OTAN pudo ser decisiva para que algunos estados árabes, a su vez, pudieran considerar unirse contra de Saddam Hussein, participando militarmente. Para que esto hubiera podido ocurrir la coalición debió ser lo más amplia posible. El fracaso respecto de Irak y las visibles discrepancias entre algunos de sus miembros principales ha llenado de duda al futuro de la OTAN.

Con la definición de la "nueva" OTAN _reformulada_ los días del fenecido "Pacto de Varsovia" se alejaron rápidamente en la historia. Pero el fracaso en actuar conjuntamente en Irak demorará la necesaria reestructuración. Hasta que las heridas hoy abiertas cicatricen.

El acceso de siete países que, hasta no hace mucho tiempo eran vasallos de la Unión Soviética (que los subyugaba) es ciertamente saludable. Porque, como bien dijo el presidente George W. Bush, en la propia reunión de la OTAN, en Praga, "los que tienen la memoria fresca acerca de lo que realmente es una tiranía saben bien cuál es el valor de la libertad". Otros no.

Esta OTAN _rediseñada_ es la que parece corresponder al Siglo XXI.

Porque con una estructura militar de alta movilidad y tecnología de


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avanzada, flexible, e integrada, tiene ahora capacidad para responder a algunos de los nuevos desafíos.

Para nuestro país, que alguna vez _no hace mucho_ contemplara la posibilidad de ingresar o asociarse a la OTAN (cuando ésta aún no había empezado su modernización y adaptación a las nuevas circunstancias), puede estar abriéndose una nueva oportunidad. Para meditar. Sin olvidar que alguna vez tuvimos credibilidad. Pero que hoy la hemos perdido, por

haber destrozado el "estado de derecho". Hasta ahora, con extraña impunidad. De allí que la Argentina luzca distinta. Menos atractiva. Desafortunadamente. Pero pareciera ser así.

Quien tenga dudas, puede leer los resultados de una encuesta reciente. Me refiero a la realizada por el Pew Research Center for the People and Progress, que fuera difundida a comienzos del mes de diciembre en los Estados Unidos, que sugiere que _además del mundo musulmán_ hay dos países en el mundo, en los que la mayoría de los encuestados se pronuncia abiertamente en contra de la guerra al terrorismo internacional: Argentina y Corea del Sur. Triste, ciertamente ¿Habremos, efectivamente, cambiado tanto?


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