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¿ES POSIBLE LIBRAR UNA GUERRA CONTRA EL TERRORISMO ACTUAL?
Tcnl. Carlos A. Pissolito1
Un trabajo encomiable que intenta desentrañar el dilema de la guerra contra el terrorismo. El autor considera que el concepto que prevaleció durante el siglo XX _inspirado en la definición de Clausewitz_ ha sido superado por un fenómeno trascendente, aún impredecible, que ha obligado a las grandes potencias _en especial a los EE.UU._ a replantear la nueva forma de lucha que permita enfrentar a un enemigo larvado dispuesto a dar "batalla por los corazones y las mentes" de la población donde opera. Como bien advierte el Tcnl. Pissolito, sólo "la fuerza iluminada por la prudencia" permitirá encontrar el camino que conduzca al triunfo en esta nueva forma de guerra que mantiene en vilo a la humanidad. | ||||||
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1 Egresado de la Escuela Superior de Guerra , donde obtuvo el título de oficial de Estado Mayor y una licenciatura en Estrategia y Administración. Se encuentra cursando una Maestría en Estrategia y Seguridad Nacional en el Institute of World Politcs, dependiente de la Universidad de Boston, en Washington DC. Ha servido cuatro términos con la Naciones Unidas: dos en UNIFOM (Irak-Kuwait) como observador militar, 1995/96 y dos en UNFICYP (Chipre) como oficial de Operaciones del Sector 1, 1998/99. Por estas participaciones ha sido condecorado con las medallas In The Service of Peace. Actualmente se desempeña como Agregado Militar Adjunto en la embajada de la República Argentina en los EE.UU. y la ONU desde enero de 2002. 2 Howard, Michael, Stumbling into Battle. Conferencia impartida en Londres en la Royal United Services Institute, 12 de enero de 2002. | ||||||
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Introducción
Según el prestigioso experto en temas militares, Michael Howard, cuando al filo de los ataques del 11 de setiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el canciller de los EE.UU., Colin Powell, declaró que su país se encontraba en estado de guerra contra el terrorismo, cometió un natural pero terrible error, ya que declararle la guerra al terrorismo es conferirle a los terroristas, desde un principio, un status y una dignidad que ellos buscan pero que no se | |||||||
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merecen. Howard aclara, luego, que otros miembros del gobierno han estado tratando de enderezar este entuerto desde esa oportunidad2. Sin embargo, las declaraciones hechas por el propio presidente George Bush y por sus colaboradores más cercanos no han cambiado esta impresión: los EE.UU. están en guerra, no sólo contra un simple enemigo, sino contra uno de naturaleza diabólica.3 A pesar de que el diccionario define a un terrorista como alguien que "intenta imponer sus convicciones mediante un sistema coercitivo de intimidación ;" y que la definición puede ser predicada a cualquier grupo que tenga por objetivo tomar el poder mediante el uso de la violencia, en la práctica la aplicación del concepto ha resultado ser problemática. Como bien ha señalado Walter Laqueur, cualquier intento de categorizar a un grupo clandestino de expatriados como organización terrorista, ya sea la Resistencia Francesa durante la 2da. Guerra Mundial, el grupo sionista Irgun en Palestina, el movimiento independentista de los Mau Mau kenianos, el Congreso Nacional Africano, el Ejército Revolucionario Irlandés o el greco-chipriota EOKA, está condenado a un interminable debate. De hecho, algunos de estos grupos, entre muchos otros, son ampliamente admirados y levantan el interrogante sobre si se los puede catalogar como terroristas.4 Lo que aquí tenemos es lo que un escolástico medieval hubiera denominado como una questiones disputatae; o en otras palabras un tema difícil. La manera escolástica de tratar un tema difícil, fue escribir un ensayo sobre los aspectos o tópicos más importantes, y luego _como su nombre lo indica_ disputar, vale decir discutir, hasta arribar a su resolución. La quodlibeta o la dialéctica, era desarrollada en forma de preguntas y respuestas, a las que se les daba el tratamiento de una tesis, con objeciones y soluciones en forma distintiva para cada una de ellas. Es de general aceptación académica reconocer que en materia de precisión es mucho lo que las modernas lenguas romance le deben a las disquisiciones dialécticas de los escolásticos. Armados con este arsenal intelectual, nos disponemos a dilucidar la cuestión si es posible librar una guerra contra el terrorismo, junto con otros tópicos relacionados. | ||||||||
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3 El presidente George Bush en su discurso al Congreso, el 20 de setiembre de 2001 dijo: "Nuestra guerra contra el terror comienza con Al Qaeda, pero no termina allí " "El 11 de setiembre, los enemigos de la libertad cometieron un acto de guerra contra nuestro país. Hemos conocido guerras, pero en los últimos 136 años éstas han sido en suelo extranjero, con excepción de un domingo en 1941." | ||||||||
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Objeciones y respuestas
En el tratamiento de si es posible librar una guerra contra el terrorismo actual deberemos considerar tres cuestiones:
1. Si se le puede conceder la categoría de guerra. 2. Cuál es el status legal que enmarca a los terroristas. 3. Cuál sería la estrategia adecuada para tratar con ambos, terrorismo y terroristas.
Objeción 1: La definición más famosa define a la guerra como, "...la continuación de la política por otros medios"5. Entiende a la guerra en el marco de la ética de la soberanía absoluta del Estado-Nación, organizado políticamente y ligado legalmente con otros mediante tratados. Operacionalmente, presupone un alto nivel de disciplina, materializada en la subordinación de las fuerzas militares a una cadena legal de comando. Además, asume que toda guerra tendrá un principio y un final definidos6. En lo táctico, entiende que las operaciones o campañas tendrán una forma definida: sitio, batalla a campo abierto, emboscada, incursión, patrullas y puestos de observación, etc.; cada una de ellas con su propia doctrina. Objeción 2: Los terroristas pueden gozar de la protección de prisioneros de guerra (PG) que acuerda la Convención de Ginebra, ya que ésta sostiene que, "los miembros de las milicias y miembros de cuerpos de voluntarios, incluyendo aquellos movimientos organizados que perteneciendo a una de las partes en conflicto y operando tanto dentro como fuera de su territorio, aun cuando éste se encuentre ocupado, y que reúnan las siguientes condiciones: (a) estar mandados por una persona que responda de sus subordinados; (b) tener un signo distintivo fijo reconocible a distancia; (c) llevar las armas a la vista; (d) dirigir sus operaciones de conformidad con las leyes y costumbres de la guerra."7 Objeción 3: Mientras los griegos de la era clásica son considerados los inventores del estilo occidental de hacer la guerra, caracterizada por la práctica del combate cuerpo a cuerpo a muerte y la muerte como epílogo; a los árabes, a partir de la hégira del año 624, se les atribuye la introducción de la fuerza de la ideología en el arte de la guerra. El origen está en el Islam, religión que tiene por credo al conflicto, que cree en la necesidad de someter a otros a sus verdades reveladas y en la necesidad de hacer la guerra a quienes se le oponen. Específicamente, la guerra santa, denominada jihad, es el quinto pilar del Islam y existe a partir de la orden del Profeta de convertir al mundo entero a la fe de Alá. Desde un | ||||||
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4 Laqueur, Walter, Postmodern Terrorism: New Rules for an Old Game, Foreign Affairs: Set./Oct. 1996. 5 Clausewitz, Carl von, On War (tr. M. Howard y Peter Paret), New Jersey: Princeton University Press, 1989, I, 24, Pág. 87. | ||||||
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punto de vista militar, los musulmanes no consideran que haya indignidad en retirase en medio de una batalla, en tanto y cuanto retengan su fe en una victoria final. Otro pilar de su estrategia ha sido la de obtener y mantener el apoyo de las poblaciones entre las cuales han tenido que operar. A pesar de su primitivo estilo de lucha, los árabes tuvieron éxito en | |||||||
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sus guerras contra los organizados y bien adiestrados ejércitos bizantinos, y eventualmente conquistaron uno de los mayores imperios de la historia universal.8 Por el contrario: La Historia demuestra que el estilo de hacer la guerra está determinado primariamente por la cultura. El estilo islámico es algo diferente y separado de la forma occidental. Mientras el primero se caracteriza por la evasión, la demora y su carácter indirecto, el estilo occidental es la ética que se distingue por la ética del honor personal, derivada del combate singular con el máximo empleo de todo aditamento tecnológico, desde la ballesta a las municiones inteligentes. Se puede afirmar que: Las formas de hacer la guerra han cambiado desde la clásica definición de Clausewitz. La era de la guerra total apoyada por Estados-Nación industrializados que comenzó con la guerra civil norteamericana y que duró casi todo el siglo XX ha sido superada. Dentro de los límites de la concepción clausewitziana, que ha sido la expresión intelectual del estilo de guerra occidental, somos incapaces de reconocer un fenómeno alternativo como el terrorismo de origen religioso9, basado en la tradición militar del Islam; porque sólo consideramos como organización militar racional la de los ejércitos profesionales derivados del concepto burocrático del Estado-Nación. Debemos admitir que pueden existir otras formas de hacer la guerra que sirven a sociedades, tanto para defenderse a sí mismas o extender su poder, si este fuera su objetivo. Al margen que durante el siglo XIX muchas sociedades como la turca o la japonesa han adquirido el estilo occidental de combate por su propia decisión, muchas otras se han mantenido fieles a sus tradiciones ancestrales. Por esta razón, la guerra ya no admite ser considerada en forma unívoca, donde un único patrón cultural es uniformemente replicado y copiado por otras sociedades. Respuesta a la 1ra. objeción: Sin lugar a dudas que la guerra interestatal, la guerra entre un Estado-Nación contra los nacionales de otro Estado que son su enemigo, es todavía una forma muy importante de conflicto; pero no es la única. Aún más, puede decirse que existen muchas formas de conflicto donde el factor militar puede ser empleado | ||||||||
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6 Keegan, John, A History of Warfare, London: PIMLICO, 1993, Pág. 5. 7 Relativo al tratamiento de los Prisioneros de Guerra, Parte III, firmada el 12 de agosto de 1949. | ||||||||
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sin la necesidad de librar una batalla formal, como una revolución, una guerra civil, la guerra de guerrillas o la diplomacia armada. ¿Puede ser la guerra estudiada en forma aislada o debe ser entendida como una manifestación de un fenómeno social mucho más amplio? La cuestión de si estamos frente a un único o a varios fenómenos ha intrigado siempre a los estudiosos de las cuestiones sociales. Como James Dougherty y Robert Pfaltzgraff han registrado minuciosamente, las ciencias sociales se encuentran muy lejos de un acuerdo sobre una teoría explicativa del conflicto10. Esta discusión ha estado siempre enmarcada entre la polémica entablada por realistas y utopistas. Estos últimos han creído, siguiendo a Platón y Descartes, que la realidad puede ser modificada con arreglo de una idea; por su parte los primeros, han visto siempre la necesidad de entender la realidad antes de actuar. Tratando de ser fieles a una concepción realista, mi opinión personal es que el conflicto es el objeto de una ciencia denominada Estrategia11. Si definimos a la política práctica como la ciencia del "arte de lo posible", vemos que ésta queda limitada sólo por la realidad y en consecuencia debemos quedar sometidos a su complejidad. Una complejidad que se encuentra más allá de toda idea o doctrina a priori del conflicto, no importa cuán perfecta pueda ser. La subordinación de la Estrategia a la Política se apoya en la siguiente consideración: si la primera involucra el empleo del poder militar en la protección de los supremos intereses del Estado en su estructura formal, el conocimiento práctico de los actos humanos dedicados al bien común de la Nación _que obviamente abarca su protección_ debe necesariamente incluir a la ciencia cuyo objeto es la defensa de dichos bienes. Respuesta a la 2da. objeción: Sin lugar a duda alguna Al Qaeda no satisface las condiciones que establece la Convención de Ginebra para con los PG. Posiblemente, Osama bin Laden pueda ser considerado como la "persona responsable por sus subordinados", sin embargo los | ||||||
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8 P. Holt y otros, Cambridge History of Islam, Vol. I A, Cambridge: 1977, Pág 60. 9 Utilizamos el termino terrorismo religioso para diferenciarlo de otras formas de terrorismo como el político, que en lugar de principios religiosos sostiene el valor absoluto de determinada ideología política, en nombre de la cual todo está permitido. 10 Contending Theories of International Relations, a Comprehensive Survey, New York, Longman, 2001, Pág. 195. 11 Por Estrategia entendemos una ciencia y no un mero nivel de conducción militar; para más detalles ver: Pissolito, Carlos, La Prudencia y el Arte Militar, Buenos Aires: Dunken, 2001. 12 Para hacer aún más compleja la cuestión, la administración Bush se encuentra sumida en una polémica interna acerca del status legal a otorgar a este personal. Al momento, la situación parece haberse inclinado a incluirlos en una tercera y nueva categoría: la de los "combatientes desleales"; aunque aún no están claros los límites y consecuencias jurídicas de esta categorización. | ||||||
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integrantes de dicha organización terrorista, al mezclarse en forma deliberada con la población civil, violan el requerimiento de llevar un "signo distintivo fijo reconocible a distancia" y el de llevar sus armas "a la vista"; aún más, el hecho de tomar instalaciones civiles como blanco viola las más elementales "leyes y costumbres de la guerra". La cuestión de si los | ||||||
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talibanes detenidos se califican como PG es más compleja. Si bien ellos nunca fueron reconocidos como el gobierno legítimo de Afganistán por la mayoría de las naciones, podrían llegar a satisfacer _prima facie_ los cuatro criterios establecidos por la Convención 12. Respuesta a la 3ra. objeción: Además, al hecho que la guerra contra el terrorismo religioso se encuentre más allá del formato occidental de hacer la guerra, se debe entender que la misma es totalmente diferente a la guerra contra las drogas o contra el crimen organizado, por un punto esencial: es una batalla por los corazones y las mentes. Porque sin el apoyo popular es imposible obtener la inteligencia necesaria, y sin ella, los terroristas no podrán ser nunca encontrados y derrotados. Ellos sólo podrán ser erradicados si la opinión pública, tanto nacional como internacional, apoya a las autoridades en considerarlos criminales y no en verlos como libertadores de pueblos injustamente oprimidos. Por ejemplo, el terrorismo ya ha ganado una batalla si puede provocar a los gobiernos a usar sus fuerzas militares en su contra.
Conclusiones
Ya la guerra no admite ser considerada entre la gama de los fenómenos lineales a la manera que la entendía Carl von Clausewitz, con ejércitos relucientes esperándose al amanecer para proceder a su prolijo aniquilamiento. En tal sentido, ya no es más el "más completo de los deportes" o una justa entre caballeros, es una lucha feroz por la supervivencia y la supremacía donde toda concesión que se haga al error puede resultar fatal. La aparente abismal asimetría de poder que separa a un ejército organizado de una mesnada de barbudos y harapientos "combatientes" no nos debe llevar a despreciar su portentosa capacidad de obrar en forma indirecta, la que incluso puede transformar paradójicamente su propia destrucción en victoria. Sólo la fuerza iluminada por la luz de la prudencia será capaz de derrotarlos. Sin lugar a dudas que los ejércitos organizados tienen y tendrán un importante rol en la lucha contra el terrorismo; pero su papel no deberá ser exclusivo ni excluyente de otros medios del poder nacional o de organizaciones internacionales que luchen contra él. En tal sentido, no deberá perderse de vista que el principal objetivo es la mente y los corazones de las poblaciones donde el terrorista vive y se nutre, ya que sin su apoyo, irremediablemente muere como un pez fuera del agua.
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