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ANTECEDENTES PSICOSOCIALES

DE LA GUERRA DE IRAK

Tcnl. Julio Arroyo Arzubi1

Los autores, en un excelente e ilustrativo trabajo, analizan las complejas alternativas que entrelazan los vínculos entre las naciones líderes

del mundo.

En este contexto, el Medio Oriente materializa el eje de la discordia a partir de una problemática _histórica, religiosa y política_ que no augura un final concertado que conforme a los países de la región.

Los EE.UU., entretanto, han decidido enfatizar su rol protagónico _que confirma la unilateralidad de propósitos_ impulsándolo a llevar la guerra a Afganistán y posteriormente _sin argumentos consistentes_ extenderla a Irak, con resultados aún inciertos.

Introducción

El proceso de globalización del capitalismo, entendido como fenómeno de convergencia de mercados, especialmente financieros, que se había manifestado tras las crisis de las instituciones de Bretton Woods y de los precios del petróleo (1973 y 1979), tuvo un punto de aceleración tras la implosión de la URSS y el final de la Guerra Fría. Las rearticulaciones geoestratégicas posteriores quedaron eclipsadas por la expansión de los mercados financieros y las comunicaciones globales, impulsados por la línea de vanguardia de la revolución tecnológica. La transición del modelo keynesiano al modelo neoclásico de mercados autorregulados, como matrices de organización socioeconómica de alcance mundial, fueron precedidos y acompañados por campañas de acción psicológica creadoras de corrientes de opinión que dominaron la agenda internacional desde el fin de la Guerra del Golfo (1991) hasta el crack del índice Nasdaq2 en abril y mayo de 2000.

En 1999 un antagonismo dominante cruzaba transversalmente al sistema internacional: el conflicto entre los centros de poder impulsores de la globalización inicialmente organizados en el Consenso de Washington3 y los movimientos y organizaciones transnacionales resistentes ante





1 Equipo de Trabajo del Departamento Análisis Comunicacional de la Dirección de Inteligencia del EMGE.

2 ´Indice de las acciones tecnológicas, Bolsa de Valores de Nueva York.


Antecedentes de la Guerra de Irak



LA PRIMERA GUERRA

DEL SIGLO XXI

Estados Unidos - Irak

El Círculo Militar, consecuente con su permanente interés por la formación profesional de sus asociados militares, ha decidido editar una publicación, en tres tomos, relatando el desarrollo de la guerra entre los EE.UU. e Irak en los marcos global, militar y operacional, táctica superior e inferior y tecnología.

Para ello se ha contado con la valiosas colaboración del Ejercito Argentino, a través de equipos de trabajo integrados por oficiales superiores, jefes y oficiales. La Armada Argentina y la Fuerza Aérea también han realizado su aporte a la citada producción.

Han participado en la citada edición el Centro de Estudios del Circulo Militar (análisis y armado de texto) y la Editorial Militar (corrección de textos, armado y diseño).

La presentación oficial del libro se realizará en el Círculo Militar en abril de 2004.

La distribución a los socios suscriptores de la Biblioteca del Oficial se efectuará en marzo de 2004.

Se ofrecerá en venta en la Librería Militar.


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dicho impulso. Simultáneamente al apogeo de las políticas del consenso, tres modelos de conflictos teóricos difundidos a la opinión pública mundial por académicos norteamericanos, alertaban sobre escenarios de fragmentación subyacentes a la globalización como escenario de integración dominante. 

La tesis de Francis Fukuyama sobre la confrontación entre el Mundo Posthistórico y el Mundo Histórico, conformaba el modelo de conflicto futuro derivado de la hipótesis general: "el fin de la historia"4. Las tesis de Lester Thurow sobre la "guerra comercial" entre los EE.UU., Japón y la Unión Europea y sobre las vulnerabilidades del capitalismo global5, anticipaban rasgos de la crisis futura. En tanto que la tesis de Samuel Huntington sobre el "choque de civilizaciones"6, planteada como hipótesis de conflicto futura, fue la de mayor impacto en el imaginario colectivo de los centros de poder occidentales.

Condiciones políticas y psicosociales

en el sistema internacional (1997-2001)

La crisis financiera iniciada en 1997 con epicentro en el sudeste asiático y que contagió a Japón, Corea del Sur, Rusia y Brasil, conmovió al centro transnacional de poder mundial _el Grupo de los 7_ y generó las teorías conspirativas que se constituyeron en las primeras ideas-fuerza de los movimientos anti-globalización. La teoría del primer ministro de Malasia, Mohamed Mahatir, sostenía que la crisis había sido inducida por fondos de inversión norteamericanos, actuando en combinación con el Departamento del Tesoro y el Fondo Monetario Internacional. Esta tesis fue indirectamente avalada por Paul Krugman7, y directamente apoyada por William Pfaf8 y Joseph Stiglitz9. Desde este inicial núcleo argumental el movimiento anti-globalización fue encapsulando, en sus ramas europea, asiática y latinoamericana una definida corriente de opinión anti-norteamericana.

El modelo de conflicto social en condiciones de globalización tiene como base al conjunto de la población mundial, 6000 millones de habitantes; de ellos se considera que 1500 millones integran el conjunto "incluido" en los mercados y el consumo, 4500 millones se distribuyen en distintos grados de exclusión, entre 800 y 1000 millones son trabajadores desocupados y 1000

millones de habitantes constituyen la "variable de Malthus": se acuestan con hambre cada día10.


3 El concepto de Consenso de Washington fue planteado por Williamson, John, Latin American Adjustment: How Much Has Happened? Washington D.C.: Institute of International Economics, 1990.

4 Fukuyama, Francis, El fin de la historia y el último hombre, Buenos Aires, Planeta, 1992.

5 Ver las obras de Lester Thurow, La guerra del siglo XXI. Buenos Aires, Vergara, 1992. El futuro del capitalismo, Buenos Aires, Vergara, 1996.

6 Huntington, Samuel, The Clash of Civilizations? En Foreign Affairs. Nro 4 (Jul-Ago) 1993. La presentación bibliográfica de la tesis es El choque de civilizaciones, Buenos Aires, Paidós, 1997.

7 Krugman, Paul, De vuelta a la economía de la Gran Depresión, Buenos Aires: Norma, 1999, Pág. 196 y ss.

8 William Pfaf, autor de la obra La ira de las naciones, fue conferencista en el Foro de Davos en 1999, donde sostuvo que los EE.UU. se habían convertido en una "fuerza destructora a escala mundial".


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El esquema de lucha de clases se polariza entre un estrato de nuevos ricos y una masa creciente de subproletariado global.

La representación formal del conflicto la constituyen el Foro Económico Mundial (o Foro de DAVOS) 

que aglutina a los grandes actores concentradores del capital (Corporaciones Transnacionales y Conglomerados de Empresas y Bancos), y desde enero de 2001 el Foro Social Mundial (o Foro de Porto Alegre) que aglutina a las organizaciones y movimientos contra la "globalización neoliberal" (que comprende desde centrales sindicales como la AFL-CIO de los EE.UU., hasta organizaciones no gubernamentales como la transnacional ATTAC11 y nuevos movimientos sociales: ecologistas, de derechos humanos, por la libre elección sexual, etc.).

La teoría de avanzada del conflicto social global fue planteada en la dialéctica Imperio-Multitud, expresada en la obra de Michael Hardt y Antonio Negri12, cuya manifestación empírica había sido la irrupción del movimiento anti-globalización, en la denominada "batalla de Seattle" en noviembre de 1999. Desde los centros de dirección de este movimiento se plantea la resistencia como una confrontación ideológica, social y de acción psicológica. Sus argumentos y líneas comunicacionales movilizadoras apuntan a identificar a los centros de poder adversarios como concentradores de cinco monopolios: el de las nuevas tecnologías; el del control de los mercados y los flujos financieros transnacionales; el del libre acceso a los recursos naturales; el de los medios de comunicación y el monopolio de las armas de destrucción en masa13.

En conclusión, en el ejercicio de las batallas sociales y de acción psicológica del movimiento contra la globalización, desde Seattle, Praga, Washington, Quebec y Génova, se anticipaba el frente de las movilizaciones de febrero y marzo de 2003 contra la administración Bush, ante el escenario de la intervención militar en Iraq, en el contexto de la guerra contra el nuevo terrorismo.

En enero de 2001, la agenda del Foro de Davos estuvo dominada por los temas de las asimetrías y efectos no deseados de la globalización. La idea fuerza dominante era Bridging the Globalization Gap: tendiendo puentes en la brecha de la globalización. Las tesis que desde los centros de poder alertaban sobre los riesgos a corto plazo, tales como la teoría de George Soros

Entre 1993 y 1996 la primera administración Clinton practicó con éxito una profunda reingeniería de políticas socioeconómicas de ajuste. El establecimiento militar y la política de defensa fueron adaptadas y redimensionadas en el achicamiento de la posguerra Fría, siguiendo la tendencia del programa Base Force iniciada por la administración Bush en 1991, después de la Guerra del Golfo.

Hacia 1997 el Departamento de Defensa tenía definida la política de defensa en el concepto

Dos Conflictos Regionales Mayores (2 MRC), que contemplaba hipótesis defensivas en el


9 Stiglitz, Joseph E., El malestar en la globalización, Buenos Aires: Taurus, 2002.

10 Kaplan, Robert D,. El retorno de la antigüedad, Barcelona: Ediciones B, 2002, Pág. 148.

11 Asociación promotora de la creación de un impuesto, la Tasa Tobin, a las transacciones financieras, propuesto por el Premio Nobel de Economía, James Tobin.

12 Hardt, Michael y Negri, Antonio Imperio, Buenos Aires: Paidós, 2002.


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Golfo Pérsico y Corea, en respuesta a agresiones potenciales por parte de Iraq y de Corea del Norte. En el ámbito de los especialistas el consenso era el mínimo 

aceptable, la oposición republicana lo consideraba insuficiente, en tanto que un tercer grupo dudaba entre la "prudencia o paranoia" contenida en el concepto 2 MRC.

El éxito de la recuperación económica y las peligrosas fluctuaciones de los mercados financieros en combinación con la velocidad del curso de la globalización, llevaron a una situación psicosocial de nuevas dimensiones de expectativas de amenazas a la seguridad nacional. En este contexto, desde una posición de clara superioridad tecnológica, económica y militar, las políticas y estrategias de seguridad nacional se definieron desde los conceptos de Intervencionismo Humanitario, Amenazas Asimétricas y Defensa Preventiva.

En su dimensión geoestratégica, la política de seguridad se basaba en la profundización del proceso de integración de mercados (globalización), expansión de la OTAN hacia el este de Europa, reingeniería en los mercados de Asia y América latina, incorporación de China como "socio estratégico" de los EE.UU., promoción de las negociaciones de paz entre Israel y la autoridad palestina, y política de la "contención diferenciada" sobre Irak e Irán.

La política de Clinton sobre Medio Oriente tuvo su eje central en la incorporación regional al mercado mundial, la promoción de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos, y la contención-disuasión de Iraq e Irán. En las elecciones presidenciales de 1996 el electorado norteamericano apoyó indirectamente a estas políticas al reelegir a Bill Clinton, rechazando la oferta electoral del candidato republicano Bob Dole cuya plataforma se centró en la crítica a la política sobre Medio Oriente del candidato demócrata15.

En las elecciones presidenciales de noviembre de 2000, Al Gore y George W. Bush compitieron con dos programas de política exterior sustancialmente opuestos. El programa de Al Gore apuntaba a profundizar y corregir los procesos de globalización, su concepto central (que daba título al programa) era New World, New Deal (Nuevo Mundo, Nuevo Trato) y fue presentado por un equipo de economistas16. El programa de G.W. Bush apuntaba a recuperar el concepto de interés nacional y a restaurar el poderío militar, el mismo, titulado Promoting the National Interest, fue presentado por su asesora Condoleezza Rice17.

El problemático proceso del triunfo electoral de G. W. Bush reflejó una división profunda en el electorado y la sociedad norteamericana. Los grupos económicos dominantes percibieron con claridad el fondo de la cuestión, y se posicionaron al respecto. Los grupos relacionados con los sectores productivos e industriales de la economía apoyaron la política de restauración del interés nacional, y su política de defensa que giraba sobre el Proyecto NMD (Misiles de Defensa Nacional) Los grupos relacionados a los mercados financieros globalizados, se alinearon en la oposición. Sobre estos grupos trabajó el nuevo Secretario de Defensa, quien en enero de 2001 presentó el informe de la amenaza asimétrica sobre el sistema satelital, que de un solo golpe podía generar un colapso en las comunicaciones de Wall Street y su sistema de plazas bursátiles conectadas en red18.


13 Samir, Amin, Capitalismo, Imperialismo, Mundialización. En Seoane, José _ Taddei, Emilio (comp.) Resistencias Mundiales [De Seattle a Porto Alegre]. Buenos Aires: FLACSO, 2001, Pág. 25.

14 Bergsten, C.Fred, The Trilateral Condition: America's Two-Front Economic Conflict, en: Foreign Affairs. Nº 2 (Marzo-Abril), 2001, Pág. 16 a 27.


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El Proyecto NMD como eje, el cambio de status de China de "socio estratégico" a "competidor estratégico", eran las principales líneas de acción psicológica que desde la administración Bush se proyectaba sobre los grupos de influencia económica y política, las cadenas de medios de comunicación, generando en conjunto una poderosa corriente de opinión. Como respuesta inicial, desde centros académicos de países aliados, la idea central que comenzó a tomar forma a mediados de 2001 era que los EE.UU. se habían apartado de la dirección de la globalización19.

Las tensiones psicosociales en Medio Oriente

 

Desde las teorías de la sociología del conflicto y de agregado psicológico, el Medio Oriente es considerado como una de las Regiones de Conflicto Permanente (Protracted Conflict Regions), cuyo diseño de investigación contempla la alta dinámica de variables complejas tales como: difusión del conflicto (cuyas variables dependientes son el "nacionismo", el etnicismo y los episodios de guerras mayores), violencia política, militancia, patrones de autoridad e identidad comunal20.

Las perspectivas árabes del conflicto regional permanente pueden estructurarse desde tres ejes. El primer eje articula la explicación del conflicto como una resistencia histórica de la nación árabe contra Occidente y sus manifestaciones de intervención regional: el colonialismo, el imperialismo y el Estado de Israel. El segundo eje se centra en el núcleo de "estados confrontantes", donde estados árabes laicos, "nasseristas", se referenciaron en la URSS para modernizarse socialmente y enfrentar a Israel apoyado por los EE.UU. El tercer eje de explicación lo desarrolló Osama Bin Laden en la década pasada21.

La perspectiva a la que adscribe Bin Laden es la de los movimientos islamistas sunníes, uno de cuyos principales referentes era el jeque Abd-El-Rahman Safar El Hawali director del Departamento de Doctrina Islámica de la Universidad de La Meca. La explicación de Bin Laden era que el mundo árabe estaba en decadencia desde 1920 y que el intervencionismo occidental de Gran Bretaña, Francia y los EE.UU., inspirando al nacionalismo laico, la carrera hacia la modernidad y creando al Estado de Israel, habían generado 80 años de colapso, cuya consecuencia extrema era la presencia militar de una potencia infiel (los EE.UU.) en la Tierra Santa (Arabia), derivada de la Guerra del Golfo.

El planteo integraba las variables del conflicto en tres cuestiones movilizadoras de las masas islámicas: 1) la defensa de la causa palestina y la destrucción del Estado de Israel; 2)

expulsión de los infieles de la Tierra Santa árabe; 3) defensa y venganza por el ataque de


15 Kristol, William _ Kagan, Robert Toward a Neo-Reaganite Foreign Policy, en Foreign Affairs Nº 4 (Julio-Agosto), 1996, Págs. 18 a 33.

16 Cutter, B-Spero, J-Tyson, LD, New World, New Deal, en Foreign Affairs, Nº 2 (Marzo-Abril), 2000, Págs. 80 a 99.

17 Rice, Condoleezza, Promoting the National Interest, en Foreign Affairs. Nº 1 (Enero-Febrero), 2000.


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Occidente contra Irak (se refería a la guerra de 1991)22. Esta perspectiva era fundamentalmente un diagnóstico político-estratégico, y de él se desprendió un objetivo central: destruir a la modernidad occidental.

La expectativa sobre

el Terrorismo Catastrófico

 

El Terrorismo Catastrófico fue desarrollado teóricamente por especialistas norteamericanos hacia 1998, como producto de un cambio de percepción sobre el fenómeno genérico de terrorismo. Dicho cambio de percepción se fundamenta en una base empírica de atentados registrados durante la década de 1990, en los cuales la variable capacidad de destrucción experimentó saltos exponenciales. Tal cual como lo plantearon sus autores, Ashton Carter, John Deutch y Philip Zelikow, coordinados por William Perry (secretario de Defensa de los EE.UU. 1995-1997), el Terrorismo Catastrófico implicaba la hipótesis de atentados con armas de destrucción masiva o con medios convencionales de alta letalidad y contra objetivos estratégicos dentro de los EE.UU.23.

La segunda línea, vectorizada por la literatura de ficción política y por Hollywood tuvo un gran impacto psicosocial en los EE.UU., Europa y América latina. Las novelas El Quinto Jinete (Collins y Lapierre) y Domingo Negro (Thomas Harris) anticiparon a fines de los 70 la combinación entre organizaciones terroristas árabes-terrorismo catastrófico-blancos en los EE.UU. En El Quinto Jinete, agentes libios y palestinos instalaban un artefacto nuclear en el centro de Manhattan (ciudad de Nueva York); mientras que en Domingo Negro (llevada al cine), la organización palestina Septiembre Negro planifica un atentado de alta letalidad contra un estadio de fútbol repleto de público.

En la década de 1990 las novelas de Tom Clancy: La suma de todos los miedos, Deuda de Honor y Órdenes presidenciales, anticiparon escenarios de terrorismo catastrófico dentro de los EE.UU. La combinación de un atentado dirigido a decapitar al Gobierno Nacional estrellando un Boeing 747 contra el Capitolio en el momento en que el Presidente pronuncia un discurso ante el Congreso, seguido por una agresión bio-terrorista, vectorizada por agentes infectados del virus Ébola, constituyen el núcleo temático de la última novela mencionada, que fue entre 1996 y 1998 best seller mundial.

La teoría del Terrorismo Catastrófico fue impulsada desde el máximo nivel de conducción estratégico de la administración Clinton, e implicó que el contraterrorismo dejaba de ser una cuestión propia de niveles de conducción operacionales, y que requería de una política diseñada desde el nivel de conducción estratégico nacional.

El atentado fallido de 1993 contra el World Trade Center (las Torres Gemelas) de Nueva York

ejecutado por el grupo de Ramzi Youseff y el primer núcleo de Al-Qaeda, tuvo como objetivo


18 Krepon, Michael, The Misguided Drive Toward Antisatellite Weapons, en Foreign Affairs. Nº 3 (Mayo-Junio), 2001, Págs. 2 a 8.

19 Tal la tesis de John Gray, Profesor en la London School of Economic,. Goodbye to Globalisation, en Guardian Weekly. March 8-14, 2001, Pág. 13.

20 Marshall, Monty, Third World War. Boston: Rowman, 1999.


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matar a 20.000 personas. Los atentados en Buenos Aires, el atentado de la organización apocalíptica japonesa Aum Shinrikyo con gas Sarín en un subte de Tokio, el atentado en Oklahoma, atentados en Egipto, Arabia Saudita y la India, y los atentados contra las embajadas de los EE.UU. en Kenya y Tanzania, sustentaron una base empírica sobre la que los especialistas norteamericanos y británicos interpretaron un cambio de paradigma en la percepción del fenómeno terrorista. El modelo de la Diplomacia Coercitiva del terrorismo de los '70 y '80, había sido reemplazado por el Paradigma Guerra. Esta nueva percepción era concordante al concepto amplio de amenazas asimétricas, que desde 1996 integró la doctrina estratégico-militar conjunta de los EE.UU.24.

El 11 de septiembre de 2001, al producirse los ataques contra Nueva York y Washington, la idea de la amenaza estaba instalada, tanto en las capas populares de la sociedad como en su elite dirigente. Las dudas, que en todos los niveles existían sobre su factibilidad, quedaron contundentemente despejadas.

Cambios en la actitud estratégica de los EE.UU.:

la nueva guerra y Afganistán

El síndrome de Pearl Harbor dominó la actitud del carácter nacional ante la estrategia de seguridad de los EE.UU., desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Anteriormente, las reminiscencias de inseguridad colectiva e individual, que databan de la Guerra por la Independencia, habían sido incentivadas por impactos psicosociales puntuales, tales como el hundimiento del acorazado Maine (que dio inicio a la Guerra Hispanonorteamericana en 1898), o el hundimiento del transatlántico Lusitania (que influyó en la decisión política de intervención de los EE.UU. en la Primera Guerra Mundial)

El impacto psicosocial de Pearl Harbor fue total y contundente y la respuesta fue proporcional, más que a la amenaza material representadas por Japón y Alemania, al daño causado al carácter nacional. El síndrome de Pearl Harbor dominó durante toda la Guerra Fría, tanto en la planificación psicosocial ante la expectativa de una guerra nuclear con la URSS, como en la preparación estratégico-militar y operacional ante dicho escenario. Los creadores de la teoría del Terrorismo Catastrófico comenzaron su exposición instalando la alta probabilidad de un Pearl Harbor Terrorista con armas de destrucción masiva, o convencionales de alta letalidad. El consenso de los analistas al interpretar los ataques del 11 de septiembre como un Pearl Harbor Terrorista fue unánime.

El síndrome de Pearl Harbor no se reduce a la expectativa de inseguridad y a la sorpresa ante la agresión, sino que esas dos instancias se complementan con la reacción y eliminación de la


21 Nassib, Selim, Los árabes en conflicto con la modernidad, en Le Monde Diplomatique, Nro 45, Marzo 2003, Pág. 6-7.

22 Declaración redactada como una Fatwa o edicto religioso, firmada por Bin Laden y otros y publicada en el medio árabe editado en Londres al-Quds al-Arabi, 23 de febrero de 1998.

23 Carter, A _ Deutch, J _ Zelikow, P., Catastrophic Terrorism, en: Foreign Affairs. Nº 6 (Noviembre-Diciembre), 1998, Págs. 80 a 94.

24 Caso de Joint Vision 2010 de 1996.


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amenaza. En este sentido, el Pearl Harbor Terrorista del 11 de septiembre, tuvo como respuesta instantánea de la administración G. W. Bush el concepto de Nueva Guerra.

Dos ejes centrales se destacan en la situación psicosocial de los EE.UU. posterior e inmediata al 11 de septiembre: el apoyo unánime a la Nueva Guerra definida desde la administración G. W. Bush y la expectativa sobre el "Segundo Ataque" terrorista contra blancos interiores.

La estrategia psicosocial, como parte de la estrategia total

de la administración G. W. Bush, se proyectó sobre tres frentes:

En el Frente Interno, a diferencia de otros casos como Corea, Vietnam o la Guerra del Golfo, no fue necesario preparar a la opinión pública en apoyo de una decisión política de respuesta militar. Ocurrió lo inverso, la sociedad norteamericana y los medios de comunicación, presionaron por la prontitud y eficacia de la respuesta militar. Pero sí hubo un trabajo de preparación, la dirección de la acción psicológica se orientó sobre el contenido de la Nueva Guerra.

La estrategia comunicacional tuvo su pieza central en el discurso del presidente G. W. Bush del 18 de septiembre de 2001 ante el Congreso, ante 80 millones de norteamericanos mirándolo por TV, y ante varios millones más a través de las cadenas globales25.

Casi todas las ideas antes mencionadas estuvieron incluidas. En el discurso quedó definido el concepto de la Nueva Guerra, contra quienes iba dirigida, la estimación de su larga duración, y la voluntad de no detenerse hasta eliminar definitivamente a la amenaza. La Nueva Guerra era contra las redes del terrorismo nucleadas en la organización Al-Qaeda liderada por Osama Bin Laden y contra los Estados sponsor; el primero de ellos: Afganistán.

En el Frente Exterior la acción psicológica se vio facilitada por el impacto mismo de la agresión terrorista. La OTAN se alineó detrás de los EE.UU., en aplicación de su casus foederis: "el ataque a uno de sus miembros implica el ataque a todos los demás". La ONU brindó legitimidad dentro del marco del derecho de autodefensa proclamado en la Carta fundacional. Rusia se plegó a la iniciativa de los EE.UU. de atacar el santuario principal de Al-Qaeda, Afganistán, y uno de los enviados especiales del presidente Bush a Moscú, Cofer Black (jefe del centro de contraterrorismo de la CIA), transmitió con claridad las intenciones de los EE.UU.: "Esto es una guerra. Vamos a llevarla a cabo. Sea cual sea su decisión nosotros vamos a librar esta guerra."

La acción psicológica exterior tuvo dos temas que necesitaron máximo esfuerzo: el primero fue definir que la nueva guerra no era contra el Islam, que esto no era una manifestación del prospectado "choque de civilizaciones" de la teoría de Huntington; el segundo fue garantizar la seguridad de aliados regionales, Pakistán, Uzbekistán y Tayikistán y que la operación en Afganistán no generaría, por contagio, un conflicto regional.

En el Frente Adversario se trabajó en dos niveles. El primer nivel estuvo definido por la naturaleza de la intervención militar: los EE.UU. no iniciaban una guerra, sino que entraban a participar en una guerra interna ya declarada entre la Alianza del Norte y el régimen taliban.

El segundo nivel fue la acción psicológica directa contra los talibanes exigiendo mediante ultimá


25 Woodward, Bob, Bush en guerra, Barcelona: Península, 2003, Pág. 116 a 132.

26 Woodward, Op. Cit., Pág. 166.


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tum la entrega de todos los miembros de Al-Qaeda, y luego ante la negativa, el objetivo público de eliminar al régimen. La cooperación entre los EE.UU. y la Alianza del Norte comenzó con una operación de enlace mixta de acción psicológica y apoyo logístico: 

Un equipo de la CIA denominado Jawsbreaker (rompe mandíbulas) tomó contacto en el norte afgano con el Jefe del Servicio de Seguridad y Espionaje de la Alianza del Norte, en la primera reunión el jefe de equipo de los norteamericanos puso sobre la mesa medio millón de dólares,dándole a entender que estaban allí, que ese era el comienzo y que venían en serio26. Así comenzó la Operación Libertad Duradera.

El 7 de octubre de 2001, 28 días después de los ataques terroristas contra Nueva York y Washington, comenzó la operación militar de respuesta. La misma combinaba, equipos especiales de inteligencia, fuerzas especiales y poder aéreo estratégico, operando con dificultad contra un Estado desarticulado, una escasa lista de blancos de ataques aéreos, y un ambiente geográfico y social neomedieval.

En diciembre, contra todos los pronósticos que anticipaban un escenario de catástrofe y estancamiento militar de los EE.UU., el régimen talibán era barrido de Kabul y la Alianza del Norte comenzaba a formar el nuevo gobierno. Afganistán ya había dejado de ser un Estado sponsor del nuevo terrorismo, la infraestructura local de Al-Qaeda estaba casi destruida (quedaban operaciones de limpieza que se extenderían hasta marzo de 2002) y la región había quedado preservada del riesgo inmediato de un conflicto extendido.

La estrategia de acción psicológica de Bin Laden y los talibán, en la cual la red de medios de comunicación Al-Jazzeera y los movimientos islamistas de masas jugaron un rol central, había sido generar un conflicto regional por contagio que comprendiera desde Cachemira hasta Egipto. La misma intención había tenido Saddam Hussein durante la Guerra del Golfo en 1991, e idéntico esquema se repetiría en el conflicto EE.UU. - Irak entre marzo y abril de 2003.


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