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LA COMUNICACIÓN COMO FACTOR

DE LIDERAZGO1

Subt. Diego Galitari

Los fundadores del Círculo Militar manifestaron expresamente su propósito de promover la elevación cultural de sus socios, intención que se convirtió en mandato asumido por los sucesores a lo largo del tiempo, desde 1881, fecha de su fundación.

La Revista Militar y la Biblioteca del Oficial ocuparon un espacio singular en esta función, aportando hasta ahora la publicación y distribución de 759 revistas y 785 libros.

En este marco, durante el año 2002, se instrumentó un certamen literario destinado a los cadetes de cuarto año del Colegio Militar de la Nación, cuyo tema fue El liderazgo en la conducción militar.

Se otorgó el primer premio al trabajo presentando por el entonces sargento ayudante cadete Diego Galitari, que se agrega a continuación, en una versión abreviada, como reconocimiento a la investigación realizada y al acierto en el empleo del método inductivo logrado.

El autor rescata la estrecha relación y el papel preponderante que juegan la comunicación y la motivación en el ejercicio del liderazgo.

Introducción

El presente trabajo de investigación trata de explicar, de alguna manera, la comunicación, que bien sabemos se compone de un sinnúmero de elementos tanto internos como externos. Plantearemos desde el concepto básico, los fundamentos, tipos y formas de ella hasta sus barreras, contribuyendo así a una mejor definición de esta disciplina que todo buen líder deberá conocer, para que llegado el momento de ponerla en práctica sepa cómo utilizarla.





1 Por razones de extensión del artículo, la Editorial Militar realizó una síntesis.


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La comunicación es la facultad que tiene el ser vivo de transmitir a otro u otros, informaciones, sentimientos y vivencias, existiendo para ello un emisor, un mensaje y un receptor.

Cuando hablamos de seres vivos no nos referimos sólo a los humanos ya que, desde los insectos hasta los grandes mamíferos tienen dicha facultad. 

El hombre es el único ser que puede comunicarse por vía oral, mientras que los demás lo hacen por sonidos (pájaros, cuadrúpedos, delfines, ballenas), fricción de elementos de sus cuerpos (grillos, chicharras), o por acción (formación de vuelo de las abejas, formación del cardumen de los peces, posición del cuerpo de perros o venados). Los mamíferos, incluido el hombre, también pueden comunicarse por el tacto (contacto corporal).

Por otra parte distinguimos tres tipos de comunicación: la auditiva, desarrollada a través de sonidos producidos por el emisor; la visual, que consiste en la comunicación que el receptor percibe por la vista y la táctil, por la que el emisor y el receptor entran en contacto físico.

En cuanto a las formas de desarrollo encontramos las siguientes: la directa, es decir la que se cumple entre el emisor y el receptor o receptores en forma personal, con ayuda de herramientas o sin ellas; es llamada también comunicación boca-oído; la indirecta, donde la comunicación está basada en una herramienta o instrumento pues el emisor y el receptor están a distancia, pudiendo ser personal o colectiva. La indirecta-personal es la que el emisor se comunica con un grupo de receptores ayudado por una herramienta o instrumento (periódico, televisión, radio, cine, libros, página web, videos, etc.). Se la conoce también como comunicación social o de masas.

Marco teórico

En el marco teórico, el MFP51-13, Manual para el ejercicio del mando, se refiere al problema de la comunicación y a las barreras que desfavorecen su correcta difusión. Es preciso remitirnos al artículo 6017 que nos habla de la influencia de la comunicación sobre los comandantes y la organización.

Dicho artículo nos dice que la eficiencia de un jefe o comandante en el ejercicio del mando dependerá, en gran medida, del éxito que obtenga en la comprensión y aceptación de las resoluciones que adopte y órdenes que imparta desde la organización que comanda. La comunicación será por ello una de las áreas más difíciles e importantes que afrontará el comandante dentro de sus responsabilidades de comando. Cuanto más grande y compleja es la organización, mayores serán las dificultades de comunicación. Sin una comunicación eficaz no habrá acción cooperativa eficiente. Más aún, sin comunicación no habrá información, sin información no habrá razonamiento objetivo y sin éste no habrá conducción.

El comandante deberá mantener informados a sus subordinados. Muchas veces no será suficiente impartir una orden para que ésta sea ejecutada exactamente como ha sido visualizada por aquél. Habrá oportunidades en las que resultará conveniente la participación de los subordinados con sus opiniones en la gestión de las normas, procedimientos, planes y programas. A través de dichas participaciones lograrán comprender mejor los problemas en estudio y las razones que apuntalan la decisión que se adopte.

Los comandantes deberán estimular en sus subordinados el deseo de contribuir a la acción de


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comando mediante el intercambio de información. El comandante que haya logrado desarrollar en sus hombres un sentimiento de confianza, respeto, lealtad y activa cooperación, tendrá pocas dificultades en obtener un intercambio efectivo de información.

Este trabajo abarca dos áreas de interés. La primera comprende la influencia de la comunicación en el ascendiente, considerando un líder asertivo y otro agresivo. La segunda comprende la motivación, por parte del líder, favoreciendo la comunicación.

La comunicación en el ascendiente

En cuanto a la comunicación y el ascendiente, en el marco histórico general, comprenderá la Guerra de los Cien Días y en el marco histórico particular se analizará la participación de los líderes en la batalla de Waterloo.

La Guerra de los Cien Días

Después de una campaña desastrosa en Rusia en 1812 y una guerra de desgaste durante 1813 y 1814, Napoleón Bonaparte fue forzado a abdicar en abril de 1814. Su castigo fue el exilio en la isla de Elba con una guardia personal de 1000 hombres. Mientras tanto, la coalición contra Francia apenas duró hasta el final de la guerra. Los desórdenes en Francia dieron a Napoleón una pequeña oportunidad para volver. Desembarcó en el sur de Francia el 1 de marzo de 1815 y marchó con su guardia imperial. En Niza consiguió más seguidores; en Grenoble ya fue una masa de ellos. En Lyon la masa de seguidores se transformó en torrente. Cada ejército que se envió para capturarlo se unió a Napoleón, quien llegó a París el 20 de marzo con unos 120.000 hombres. Los aliados le declararon la guerra, reuniendo 600.000.

Napoleón necesitaba una victoria rápida para asegurar su posición política y destruir la coalición que contaba con cinco ejércitos. El 20 de mayo, sólo dos de ellos (el de Blüiher y el de Wellington) llegaron a desplegarse cerca de Francia. Napoleón atacó por sorpresa y el ejército anglo-aliado no pudo contenerlo, optando por retirarse; el ejército prusiano tuvo las mayores pérdidas.

Batalla de Waterloo

El Ejército del Norte fue afectado por las lluvias, el estado de las carreteras y las marchas forzadas. Bajo circunstancias normales, lo mejor habría sido pasar al descanso y desalojar a Wellington más tarde. Pero diremos que Napoleón no escuchaba a sus líderes subordinados ya que para él los soldados eran personas perezosas que debían ser empujadas para actuar. El invierno llegaría pronto y su tropa desanimada no encontraba ascendiente en su jefe.

El ejército anglo-prusiano ocupó una meseta al sur de Mont-Saint Jean. La pendiente sur de la meseta ofrecía buenos campos de tiro y una gran vista de los movimientos del ejército francés.


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La posición británica tenía grandes ventajas defensivas. El ejército anglo-aliado disponía de 74.000 hombres mientras que el prusiano contaba con 52.000 y el francés, 75.000.

Wellington decidió esperar la batalla. Napoleón tuvo que decidir un plan de ataque, el cual sería iniciado a primeras horas de la mañana. Sin embargo, el barro de las tormentas de la noche anterior impidió a algunos de sus hombres alcanzar sus posiciones a tiempo. 

El problema era especialmente grave para la artillería francesa, cuyos cañones no podían moverse hasta que el suelo se secara. Finalmente a las 11:30 comenzó el ataque con un asalto de distracción sobre Hougoumont.

Wellington acrecentaba su ascendiente en razón de su constante muestra de autoconfianza, de tomar la iniciativa, de mantenerse permanentemente en movimiento y sostener que las ideas merecían ser escuchadas sin importar el rango. En cuanto a la comunicación, era conocido por su franqueza, por expresar claramente sus sentimientos, creencias y opiniones. No temía pedir ayuda y era especialmente adepto a responder con un no gracias.

Napoleón Bonaparte siempre mostraba su enojo fácilmente. Con respecto a su ascendiente sobre sus hombres, vale expresar que en cierta medida lo lograba, a pesar de su carácter hostil, pues contagiaba a su gente su constante afán de gloria. Debe decirse que no lo conseguía en el plano individual y en sus líderes subordinados, principalmente debido a su poco aprecio hacia ellos. Desde el punto de vista de la comunicación, expresaba su ira y enojo constantemente, por lo que sus subordinados se quejaban de que no tomaba en cuenta sus derechos y que era desconsiderado para lograr sus propios objetivos.

La motivación favorece la comunicación

La motivación influye en el comportamiento del individuo y del grupo, fortaleciendo, a su vez, los lazos comunicacionales internos. El objeto es lograr la entrega volitiva de energía en la obtención de una determinada finalidad particular del grupo. Como factores fundamentales que afectan la motivación tenemos los incentivos, que pueden producir en el individuo el máximo de eficiencia. Para que una comunicación sea eficiente, el comandante deberá estimular a sus subordinados en el deseo de contribuir a la acción de comando mediante el intercambio de información.

Tomaremos la Guerra de las Malvinas como una referencia al marco histórico general y el combate de Top Malo House como marco histórico particular.

Guerra de las Malvinas

Al finalizar el año 1981, la cuestión de las islas Malvinas permanecía sin solución a la vista. Las negociaciones se hallaban estancadas, aunque en enero de 1983, se cumpliría un siglo y medio de la ocupación británica. La recuperación de las Malvinas era uno de los objetivos inmediatos del general Leopoldo Galtieri en su gobierno. Como las dilaciones inglesas ya eran insoportables, se descontaba que la acción militar sería inevitable. Es decir, producir la recuperación por la fuerza, del mismo modo en que Gran Bretaña se había apoderado de las islas en 1833, cuando flameaba el pabellón argentino.


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El 19 de marzo de 1982 el buque de la marina de guerra Bahía Buen Suceso transportó un grupo de 39 trabajadores argentinos hasta el puerto Leith (islas Georgias) para desmantelar una vieja empresa ballenera. El médico del grupo, Rubén Pereyra, izó en un mástil la bandera argentina y sus acompañantes cantaron el Himno Nacional. Luego de este suceso, en Puerto Stanley, la oficina de LADE sufrió depredaciones de autores desconocidos, que dieron lugar al reclamo argentino, al mismo tiempo que aumentaba la tensión.

2 de abril de 1982

Fuerzas argentinas ejecutan la Operación Rosario para la recuperación de nuestras islas del Atlántico Sur. Desembarcaron en el entonces Puerto Stanley (Puerto Argentino). Pocos días después, se hace cargo de la gobernación militar el general Mario Benjamín Menéndez. El 7 de abril se crea el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur en torno a las islas, designándose como comandante al vicealmirante Juan Lombardo. El 12 de abril los ingleses crean la zona de exclusión marítima que abarca 200 millas. Este hecho resiente el abastecimiento y el traslado de nuevas unidades a las islas.

Combate de Top Malo House

En este hecho, en particular, se ven las acciones desarrolladas donde los comandos argentinos demostraron su tenacidad, fortalecida, principalmente, por la comunicación interna del grupo motivada por su jefe.

La información acerca del enemigo a enfrentar era casi nula, lo que creaba algunas barreras en la comunicación, como los rumores y la incertidumbre, aunque se veían aplacadas por la acción del jefe de la fracción. Mediante arengas o palabras, éste incentivaba la comunicación con sus hombres, que sabían que en pocas horas más podrían morir defendiendo su Patria. Este proceder también motivó la comunicación interna del grupo pues no se conocían en tiempo de paz. Tener una comunicación fluida con su gente ayudó a conocerlos, no sólo como individuos, sino también como grupo, lo que a su vez le permitió mantener y elevar su ascendiente al saber actuar para que se motivaran.

Aquí se ve que la comunicación es también muestra de ascendiente, puesta de manifiesto en el momento del combate, donde el jefe es seguido por sus hombres, quien además les comunica mediante el ejemplo, la tranquilidad necesaria en la toma de decisiones. Queda así formada la acertada comunicación para un jefe: comunicación motivación toma de decisiones.


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La acción

Después de haber llegado a la isla Soledad y luego de un largo día de entrenamiento, la Compañía de Comandos 602 se agregaba al Comando de la Brigada Mecanizada X. A efectos de realizar una operación de exploración, se concentró en dos factores fundamentales: la falta de información mínima e indispensable sobre el enemigo y la falta de conocimiento recíproco entre los integrantes de la fracción, factor fundamental para cualquier operación de comandos. Después del descanso, el jefe de la compañía efectuó una revista que concluyó con su característica arenga, por medio de la cual infundió ánimo, confianza y acrecentó aún más los deseos de encontrarse con el invasor inglés.

Eran las 8 horas y empezaba a clarear. Ocupaban una vieja casa próxima a un arroyo. En ese momento oyeron ruido de un helicóptero. Algunos creyeron que se trataba de un rescate anticipado. Alguien dijo que podría ser británico porque los argentinos no volaban sin luz. El sargento primero Pedrozo observó que no tenía la franja amarilla.

Reinaba la incertidumbre. Cesó el ruido de los motores. A causa de la bruma poco se distinguía. El capitán intentó comunicarse por radio; desde el segundo piso el teniente Espinosa exclamó: Me parece que viene gente avanzando. El sargento primero Helguera opinó: no, mi teniente, deben ser ovejas. Un lúgubre presentimiento dominó al capitán y le tendió la mano al muy apreciado sargento Sbert para expresarle: Suerte turco. Más tarde, Sbert moría por el estallido de una granada.

Dentro de la casa resonaron gritos ingleses. Todos se pusieron en movimiento para salir. El sargento primero Castillo gritó: Vamos mi teniente, dirigiéndose a Espinosa y éste respondió: Yo me quedo, de acá tengo mejor campo de tiro.

El teniente primero Brun, al tiempo que Espinosa caía hacia atrás ensangrentado, sintió que una esquirla le cortaba la frente. El teniente primero Gatti también había podido salir de la casa llegando ileso a una zanja próxima. Cerca del capitán Vercesi, Gatti disparaba arrodillado. El teniente primero Horacio Losito estaba herido, pues una granada había reventado contra la pared, dos metros detrás: un golpe quemante, un ardor muy fuerte, le produjo sordera y lesiones en la cabeza. Cuatro ingleses ubicados a unos veinte metros lo dieron por muerto.

En la otra punta de la línea, el capitán Vercesi, vio llegar al teniente primero Brun, cubierto de sangre, quien cayó a su lado. Cerca de la casa observó al sargento primero Pedrozo arrodillado para cubrir a Helguera, agitando un trapo blanco indicando que allí había un herido que no combatía. El capitán levantó su fusil ordenando cesar la lucha con un 70% de bajas. Sólo quedaban ilesos, él, Gatti, Castillo y Pedrozo. Castillo siguió gritando: No se entregue, mi capitán. Los que aparentaban estar más graves eran los tenientes primeros Brun y Losito.

El suboficial enfermero tuvo una lucida actuación, sin elementos trató de contener las hemorragias y de calmar a sus compatriotas. Yo empecé a temblar con chuchos por la pérdida de mucha sangre y estar mojado, dijo el teniente primero Losito. Él le saco el gabán al sargento primero Sbert, que estaba muerto y se lo colocó a Losito, sentándose en la nieve, poniéndolo en su regazo y abrazándolo para darle un poco de calor. Igual procedimiento empleó el teniente primero Gatti con el sargento primero Medina. Los prisioneros, heridos


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e ilesos, fueron retenidos a un costado de la casa incendiada hasta la llegada del helicóptero que los trasladaría. El capitán Vercesi se detuvo al lado del cadáver de Sbert muy conmovido expresando: Qué me has hecho turco. El médico británico revisó a todos, marcando con una M sobre la frente a los inyectados con morfina. Mirando la casa que terminaba de quemarse, Brun murmuro: Espinosa está ahí adentro.

Conclusiones

_ La información ayuda a la motivación del grupo en tiempos de guerra y de paz.

_ La buena información evita los rumores que son una barrera importante entre la comunicación y motivación.

_ El jefe debe tratar de buscar una fluida comunicación a través de los incentivos, como factor fundamental de la motivación.

_ Si un jefe no logra motivar una comunicación eficaz no habrá acción cooperativa eficiente.

_ La motivación será una de las armas con las que cuenta el líder para elevar los lazos comunicacionales con sus subordinados y camaradas.

_ Será necesario que el jefe mantenga una comunicación eficiente con sus subordinados; de esa manera podrá conocer aspectos físicos, mentales y emocionales que, como bien sabemos, son distintos en todos los individuos, lo cual le permitirá seleccionar los incentivos capaces de lograr una eficaz motivación.

_ Una mala relación comunicacional con los subordinados o camaradas puede llevar, o podríamos asegurar que llevaría, a una motivación negativa, lo que sería totalmente contraproducente.

_ El jefe siempre deberá estar atento a aquellos factores externos que intervienen negativamente en la motivación y comunicación de la organización que comanda.

_ Mediante una eficiente comunicación en la que fluya una adecuada retroalimentación o feedback, el jefe podrá descubrir las tensiones, resentimientos o pesares del grupo y en consecuencia poder resolver dichos problemas motivacionales.

_ La motivación será inversamente proporcional al ascendiente y a la comunicación (a menor ascendiente y/o a menor comunicación o retroalimentación habrá mayores dificultades para motivar).

Reflexiones finales

_ Lograr un sentimiento de confianza entre mis subordinados mediante correctas acciones de mando, lo cual les permitirá saber que podré escucharlos o ayudarles cuando lo necesiten.

_ Fortalecer mis lazos comunicacionales en todos los niveles, para lo cual necesitaré el conocimiento técnico y científico sobre la comunicación y qué deberé obtener del contacto con mi gente.

_ No adoptar las ideas y procederes del líder agresivo que no le importa de sus soldados y que menosprecie sus capacidades y problemas personales.


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_ Elevar mi ascendiente para que mis subordinados estén dispuestos a comunicarse y asimilar la información que les quiera transmitir.

_ Poseer cualidades de líder asertivo, cuyas características, como la franqueza, el saber escuchar, la paciencia, etc., me ayudarán tanto a fortalecer mi comunicación como la elevación de mi ascendiente.

_ Dar oportunidad de participación a los subordinados en los planes y programas, ya que esto ayudará a la retroalimentación o feedback, parte esencial de la comunicación.

_ Estar en contacto permanente con ellos, saber qué les interesa, cómo viven, sus problemas personales y, por supuesto, en qué puedo ayudarles.

_ Trabajar con mis subordinados con determinación y sacrificio, pensando siempre que ellos también viven situaciones difíciles al

igual que cualquiera y, por sobre todas las cosas, ser ejemplo de cumplimiento entre lo que digo y hago.

_ Estimular y mantener mi ascendiente ya que esto elevará mi fuerza espiritual y la de los subordinados que creen que soy merecedor de este ascendiente, fortaleciendo una comunicación eficiente.

_ Ser oficial de procedimientos claros, tanto hacia mis subalternos como hacia mis superiores y camaradas, tratando siempre de mantener y elevar mi ascendiente durante la paz, porque será esa la gente que irá conmigo a la guerra.

_ Mantener siempre informada a mi gente para que sepan con qué se enfrentarán y de esta manera lograr que se automotiven.

_ Evitar los rumores buscando quién los emite, para eliminarlos de la organización, si es que está dentro de ella o tratando de anticiparme con las noticias verdaderas.

_ Tratar de motivar la comunicación fluida y retroalimentada con incentivos acordes para el desarrollo de tal fin.

_ Encontrar el punto justo de la motivación en la comunicación, si no de ninguna manera existirá una comunicación eficaz y producente para con mi organización y mis subordinados.

_ Mantener constantemente motivada a mi gente, aunque esto sea en algunos casos imposible y además enseñarles la automotivación que los ayudará mucho cuando otro no pueda proporcionársela.

_ Hablar con las personas que me son confiadas, qué quieren del Ejército, cuáles son sus planes, sus fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades (físicas, mentales y emocionales).

_ Apoyarme en la evaluación que obtenga de la reflexión anterior, ya que me dará la pauta del camino a seguir en la motivación de las distintas personas.

_ Tomar contramedidas en orden a la conclusión mencionada; elevar el sentimiento de patriotismo, el del servicio, el amor a Dios y a la Patria y obviamente averiguar aquello que les esté afectando.

_ Lograr que los grupos expresen pesares que les son comunes a todos sus integrantes o las tensiones que viven por presiones externas y en orden a esto realizar un plan de acción para contribuir a su solución.

_ Elevar mi ascendiente y fortalecer mi comunicación, dos elementos por medio de los cuales es más fácil la motivación ya sea individual o grupal.


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Bibliografía

Ejército Argentino, MFP 51 13 Manual para el ejercicio del mando, Instituto Geográfico Militar, Buenos Aires, 1969.

Balza, Martín A., Malvinas. Relatos de un soldado, Círculo Militar, Vol. 722, Buenos Aires, 1985.

Landaburu, Carlos, La Guerra de Malvinas, Círculo Militar, Vol. 739, Buenos Aires, 1989.

Gavet, A., El arte de mandar, Círculo Militar, Vol. 765, Buenos Aires.


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